miércoles, 3 de junio de 2009

Clavos

Mi prueba favorita en pista siempre fue la del kilómetro, los mil metros. No es olímpica pues aquí mandaban los ingleses y, aunque aceptaron las distancias en metros, impusieron la media, el cuarto, el octavo y el dieciseisavo de milla. Mi devoción por esta distancia tiene mucho de romanticismo pues esa era la prueba que corría cuando empecé en esto de competir allá a mediados de los setenta. Comenté hace tiempo mi devoción por la pista y a ella me dediqué, alternándola con el cross y con un par de maratones hasta finales de los ochenta. Mis pruebas iban del ochocientos hasta el dos mil, pero siempre el kilómetro como distancia predilecta, las dos vueltas y media.

Los mil metros también tienen su marca mítica para los que estamos a años luz de la elite: bajar de tres minutos. La primera vez que lo hice tenía diecisiete años y no estoy seguro que fuese real, pues corrí en una carretera entre dos puntos kilométricos camino del Pedernoso: 2`54”. Un día muy feliz. Luego en pista lo refrendé y lo rebajé muchas veces hasta dejar mi mejor marca en un agónico (pues casi me muero) 2`42” en las pistas del Saler. Y ahí me quedé. Se acabó la juventud. Se acabó la gasolina. Nos pasamos al diesel.

Ya ha terminado la temporada. Comenzó de una manera dubitativa (Behobia-San Sebastián, media de Valencia, media de Picaña-Paiporta), se entonó después (San Silvestre Vallecana y media de Sagunto) cumpliendo con nota (con muy buena nota) en el punto central de la temporada, el maratón de Valencia. Acabó el maratón, me encontré en el chasis (setenta y cuatro kilos. Mil años que no pesaba tan poco. Todos mis conocidos que no corren, al verme, se agruparon en dos bandos: los que piensan que estoy enfermo y los que piensan que estoy gilipollas, que he perdido los papeles. Los que corren, sin embargo, opinan que estoy muy bien. No sé a quién hacer caso) y decidí aprovecharlo. Tenía como mejor marca en media maratón 1h. 22`09” en Almansa 08. En Moncada, un mes después del maratón, hice 1h. 21`06” en un día memorable. Luego hice un quince mil en Massamagrell (siguiendo la estela de Chema Martínez, de la Ossa, Marta Domínguez y de un montón de negros) mejorando mi marca en dos minutos y corriendo por debajo de tres cuarenta y ocho el kilómetro. Estaba pletórico. Y decidí preparar a conciencia la media maratón del Puerto de Sagunto.

Aquella preparación fue fabulosa. Las series me salían a tiempos espectaculares. Los entrenamientos los acababa muy fuerte. Y empecé a pensar que no es que tuviese a tiro bajar de uno veintiuno, sino que hacerlo de uno veinte estaba a mi alcance. Y llegó el día de la carrera. Y me planté en la salida. Y érase que se era una lechera que llevaba un cántaro lleno de leche en la cabeza. Y salimos. Tuve sensaciones muy buenas. Me veía corriendo muy bien. Pero el reloj decía que no. Acabé muerto con 1h. 22`37”. Muerto y destrozado. En la meta nadie estaba contento. A finales de mayo el calor y la humedad ya son excesivos. Tal vez esa era la excusa. Tal vez no era el día. Cuando vi la clasificación comprobé que había quedado el treinta y siete de casi mil cien participantes. Realmente había hecho buena carrera. No suelo quedar tan delante. Me sirvió de consuelo. Había corrido bien en el día y en el lugar equivocado. Ya llegará otoño. Trataré de no engordar mucho. En otoño daré el salto.

Pero tal y como hacía las series antes de la carrera se me metió en la cabeza intentar volver a bajar de tres en el kilómetro. Lo dejé caer a los climaterios pero no se dieron por aludidos, así que, una vez más, cuando quiero hacer algo, lo hago. Si alguien se apunta, mejor. Si no, no pasa nada.

Pistas del Politécnico. Ruedo quince minutos para calentar. Me dirijo a un rincón donde he dejado mis trastos. Saco mis zapatillas de clavos. Me las pongo. Hacía casi veinte años que no me ponía mis zapatillas de clavos. No son feas. No están pasadas de moda. Son un modelo vintage. Me pongo de pie. Piso la pista. No soy un corredor. No soy un trotón. No soy un traga millas. Soy un atleta. Un atleta. Vuelvo a sentirme un atleta. Ultimo el calentamiento, hago unos progresivos y me dirijo a la línea de salida. Miro a mi derecha y compruebo que no estoy sólo. Allí están Jim Ryun, Peter Snell, John Walter, Sebastián Coe, Said Aouita, Steve Scott, Steve Cram, José Manuel Abascal, Roger Bannister, José Luis González…Les sonrío, les guiño un ojo, digo pum y salgo atacando.

La estrategia es muy simple: rodillas en la perpendicular, cadera alta, talón al culo y pulsaciones a tope. Paso el doscientos en treinta y cuatro y el cuatrocientos en uno cero nueve. En el quinientos no es el talón el que va al culo sino que es el culo el que está en el talón, pero al paso por el seiscientos digo tilín, tilín y, en la última vuelta, no hay dolor. Primera curva. Contrarrecta. Curva del doscientos y última recta. Cruzo la meta. Según mi crono, dos minutos, cincuenta y nueve segundos y ochenta y ocho centésimas. Suficiente. He bajado de tres. A mis cuarenta y tres años he vuelto a bajar de tres. Estoy contento. Estoy muy contento. Estoy hecho un chaval.

P.D.
Os quiero.

11 comentarios:

GARRATY dijo...

¡Qué peligro tienes cuando te autoenlazas! Empieza uno corriendo en pista y termina sufriendo para coronar el jamonero camino del puerto. No sé como lo verán los no corredores, pero yo termino tus crónicas atléticas con la piel de gallina y una sonrisilla complice, a distancia, pero complice. Dudo sobre qué me gustaría más: poder correr a tus ritmos o saber contarlo así de bien.

En el tema peso haz caso de los corredores: estás muy bien. Yo estoy mentalizando a mi mujer de que este verano voy a perder varios kilos con vistas al maratón. Ella me ha prohibido bajar del peso que tuve el febrero pasado (en las fotos post-maraton parezco enfermo). Supongo que, como ella lleva la razón, tendré que engañarla.

El fetichismo en el deporte es un tema a desarrollar. Recuerdo con cariño cuando, de pequeño, dormía abrazado a los balones que me iba regalando periódicamente mi padre para poder olerlos. A día de hoy no he encontrado un olor tan maravilloso como el de un balón de cuero nuevo. Lo malo es que ya no hacen balones de cuero auténtico. Los de Decathlon no huelen a nada.

Muy bonitas las zapatillas.

Arual dijo...

Qué épico todo, lo cuentas y me emociono, hay que ver que lo vives de verdad, jeje!!
Me gustan tus zapatillas "vintage"!!

lisa maloney dijo...

No sé si empezar el campeonato de tenis-playa va a ser una buena idea. Quizá con la petanca tenga más opciones este año. Me atreveré si prometes ser, además de frontón pesadísimo, el recogepelotas.

El Impenitente dijo...

El olor de los balones de fútbol.Pocos olores tan hermosos. Tienes razón. El viejo Tango, qué bien olía.

Te mandaré un correo, Garraty, con viejas entradas atléticas.

Mi querida Lisa, esta noche nos vemos. Y como desees.

SisterBoy dijo...

Podríamos hacer también un compendio con pelis de corredores. Ahi va la mía

"La soledad del corredor de fondo"

El Impenitente dijo...

Tampoco puedo añadir muchas. "Carros de fuego", desde luego. Y "Running" de Maiquel Daglas, el hijo de Kirk Duglas. Y "Forrest Gump", que no es de correr pero es la película donde, seguramente, más se corre. Y en "El golpe" Robert Reford se hace también unos cuantos kilómetros.

SisterBoy dijo...

El que se pasa todo el rato corriendo es Gene Hackman en las dos partes de "French Conection".

También hay un telefilme de Michael Landon sobre el tema.

Altosybajos dijo...

Lo vivo socio, lo vivo. De nuevo lo consigues. Y por mucho que se empeñen esto lo entiende el que está en el tema. Tengo una entrada en mente sobre lo que se puede oir en la meta de una carrera popular mientras llegan los corredores y tened por seguro que mientras no se pongan una zapatillas no llegarán a saborear las sensaciones que destilan tus escritos.
Por cierto preciosas las Munich. Yo tenía unas Onitsuka (años más tarde Asics) pero eran propiedad del equipo.
Sigue deleitando.

El Impenitente dijo...

La de Michael Landon me suena, pero la tengo completamente desdibujada.

En "French connection" era donde Fernando Rey hacía de malo, ¿no?

Decía José Luis González que mucho se hablaba del ciclismo como deporte de sufridores, pero que nunca había visto rostros tan desencajados como en la meta de un cross. Supongo que la llegada del otro día en el Puerto de Sagunto debería ser para morirse. Y los comentarios de la gente para quemarlos vivos. Esperamos esa entrada con anhelo, que tu blog se está llenando de telarañas. Y trataremos de seguir escribiendo. Lo de deleitar...bueno.

SisterBoy dijo...

El de MIchael Landon fue un telefilme en el que el tipo era un gran corredor que recordaba cómo se había entrenado de niño cuando tenía que ir corriendo a la lavandería para que sus padres no supieran que se meaba en la cama.

El Impenitente dijo...

Sí que vi aquel telefilme. Y no es mal motivo para ser un campeón. Muchas tonterías se dicen de los keniatas y los etíopes y los leones y los leopardos. Desarrollé mi talento porque no quería que mis padres supieran que me meaba en la cama. Y luego morí como David Carradine o el Michael Hutchance aquel de INXS.