domingo, 22 de febrero de 2009

Sí (segunda parte)

Mi cuarta maratón desde que soy blogosferita. En mi vida altisonante ya conté Valencia 06 y su eufórico tres cero siete y Madrid 07 cuando fui a comerme el mundo y terminé retirado y pidiendo en la puerta del metro. Ya a la vera de Emil Zatopek y Alain Mimoun relaté Valencia 08 y mi glorioso dos cincuenta y nueve largo. Y hoy, veintidós de febrero, se ha disputado Valencia 09. Y por allí hemos estado.

Ni una nube en el cielo. Ni una nube. La temperatura no era mala y corría una brisa agradable. Pero ni una nube. Miraba para arriba y pensaba –ya verás a partir de las once. Ya verás.

Mi objetivo en la carrera no era otro que hacerlo mejor que el año pasado. Sabía que lo tenía en la mano pues había entrenado más y mejor. Quizá dos cincuenta y ocho si se daba bien la cosa. Hace un año pasé la media en uno veintinueve cero haciendo la segunda mitad en uno treinta largo. Pensaba hacer la primera mitad en un tiempo similar y recortar en la segunda parte. Esa era mi intención.

A las nueve en punto, un disparo al aire y a correr. En seguida he cogido el ritmo, he mirado el crono los tres primeros kilómetros y me he olvidado de él hasta el siete y los múltiplos de siete. No quería presión. Sólo correr y olvidarme del crono. Sensaciones. Sólo sensaciones.

La primera hora del maratón es muy larga. No piensas lo que te queda, pero te pesa mucho en las piernas y en la cabeza. Y tiene poca historia. Vas a ritmo. Vas cómodo. Vas bien.

La segunda hora del maratón es larguísima. En el dieciocho me he metido en un grupo y con él he aguantado un montón de kilómetros, hasta que se ha disuelto. Pasé la media en uno veintiocho veinte, cuarenta segundos mejor que el año pasado. Y me veía muy bien, con ganas, con hambre de llegar al treinta y empezar el recorrido por la ronda sur. A partir del veinticinco empecé a notar molestias estomacales. No me entraba el agua. Tenía mal cuerpo. Pero el sol estaba en todo lo alto y tenía que beber. Tragos muy pequeños y muy espaciados, con nauseas, pero bebía.

El resto del maratón es eterno. He seguido con las molestias hasta el final, pero las piernas iban. La ronda sur se me ha hecho interminable. Los kilómetros no llegaban nunca. Al paso por el treinta y cinco he visto que le podía dar un buen bocado al tiempo del año pasado, pero el sol picaba de lo lindo y tenía miedo de tener alguna pájara. Y luego ha venido el puente sobre las vías junto a la calle San Vicente, el túnel de la rotonda de los Anzuelos y el puñetero Jamonero (que alguien me explique por qué le han dado tanta pendiente a un puente atirantado). En el treinta y nueve estaba hecho unos zorros. Pero era el treinta y nueve. Y teníamos un kilómetro de sombra. Y una vez en el cuarenta ya huele a meta y ya no hay ni sol ni pájara que valga. A correr. Y, dentro del Puerto, a volar.

Tal y como llegaba a meta he mirado el crono y me he llevado un sorpresón. Estaba en disposición de bajar de dos cincuenta y siete. Y lo he hecho. Lo he hecho. Tiempo real, dos cincuenta y seis cincuenta y seis. Casi dos cincuenta y siete pero no es lo mismo. He corrido la segunda media sólo dieciséis segundos más lenta que la primera. Carrerón. Impresionante. Soy un hombre feliz. Estoy fundido pero feliz. Quizá no estoy tan eufórico como hace un año, pero si el año pasado tardó en caérseme la sonrisa de la boca cuatro semanas, este año serán tres semanas y media.

En un día como hoy lo menos que puedo hacer es acordarme de todos. Ha sido un placer preparar esta carrera con la familia climateria, especialmente con el Máquina, Juanito y Mortirolo, pero también junto a Rafa, el Maestro, Tomás, Marco, Jorge, Emilio, Juan Luis, el Cuñao, Carmelito, José, Moisés y Miguelito. Este año nos fallaron el Pibe y Ramón, pero el año que viene estarán.

También quiero acordarme de los que han sacrificado parte de su mañana de domingo únicamente para verme pasar y darme o darnos un grito de apoyo. Algunos me leen. La mayoría no. En una carrera como ésta, tan agónica, tan al límite, los ánimos no te hacen correr más. Pero te hacen correr mejor. Muchísimas gracias. De corazón.

Volviendo ya para casa iba charlando y me han preguntado: ¿cuarenta y dos kilómetros? Y ¿por qué? Y le he respondido con sinceridad –no lo sé. La verdad es que no sé porqué lo hago. Nunca lo he sabido. La satisfacción es enorme pero ¿compensa?

Y para no faltar a la tradición, juro solemnemente, un año más, que jamás volveré a correr un maratón.

12 comentarios:

Álex dijo...

Enhorabuena.

el jamonero dijo...

Hay fotos suyas en mi techo, hay fotos suyas en mi pared, hay una en la que saca pecho que si me firma enmarcaré.

Quiero ser como usted.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Ya lo creo que compensa... aunque supongo que nadie sabremos decir por qué... Enhorabuena.

SisterBoy dijo...

A los que te pregunten ¿por qué? contestales ¿por qué no?.

J.P. dijo...

Uff! Cómo cuesta leer esas líneas en las que vas sufriendo tanto...

3'14 dijo...

Enhorabuena campeón, esta vez no tuviste que regresar a casa en metro, y mejor que no fuera así, menudo peligro tienen esos trenes que teneis por Valencia...

Yo sigo en mis trece con lo de la compensación a tu pareja por los daños colaterales sufridos durante tu preparación, y propongo que, durante el tiempo de tu marca en el maraton, recorrais juntos la cantidad exacta de 42 tiendas (como no estamos para ir derrochando, seré benevolente y os dejo consensuar la cantidad total disponible para gastar, vaaa)

Deckard dijo...

Si ya es agotador leerlo no quiero ni pensar lo que será correrlo, aunque supongo que el subidón al acabar tiene que ser la leche. Enhorabuena.

El Impenitente dijo...

Jamonero, en la cinta del gimnasio no. Vete al río y a la playa.

¿Cuarenta y dos tiendas? Voy a preparar Madrid, Berlín, Fukuoka y Nueva York y, ni aún así.

La sensación de terminar es enorme. Y la de hacerlo bien, tremenda. Quizá por eso siempre volvemos a tropezar en la misma piedra. Pero eso es algo que ahora no quiero ni pensar.

Slim dijo...

enhorabuena blogosferita (me ha encantado la palabra!)ale ahora descansa una semana entera al menos! y despues a entrenar..para el año próximo.

Altosybajos dijo...

Grande Charlie, eres grande.
Monstruo

El Impenitente dijo...

Gracias Emilio. Tú sí que eres un fenómeno.

elbé dijo...

Pero, tú eres el de la foto, ¿verdad?

¡Enhorabuena!