miércoles, 4 de marzo de 2026

Las olas

Dicen que “Las olas”, de Virginia Woolf, es su obra más experimental. No lo sé. Es la primera que leo suya.

Buscando información he descubierto que la novela trata de seis personajes (Bernard, Susan, Rhoda, Jinny, Louis y Neville) más un séptimo, Percival, el sol sobre el que orbitan los otros, aunque jamás se le escuche hablar.

La novela no tiene una trama. Ni diálogos. Los personajes, que coinciden durante su infancia, se nos presentan en diferentes periodos de su vida. No hay un narrador. Los seis personajes hablan. Monólogos. Soliloquios. Se confunden. Como flujo de conciencia se conoce el método narrativo. Los pensamientos, los sentimientos que pasan por la mente y no llevan un orden.

Cuando la empecé, cuando vi lo que me costaba terminar la primera página, decidí no seguir leyendo.

Pero seguí leyendo.

Cada día me leía dos, cuatro, seis páginas. Muy despacio. La he solapado con otros libros.

Aunque éste era mi refugio.

Un libro que, al menos yo, no podía leer con la razón, buscándole una lógica, un sentido, un hilo. Ni podía ni siquiera lo intenté.

Porque es un libro que se lee con el alma.

Un libro donde en cada frase está la belleza.

Pocas veces sabía quién hablaba. Ni siquiera qué quería decir. No podría describir a los personajes. Tampoco su suerte.

Nunca me importó menos no entender.

He leído también que este libro es imposible de traducir ya que, en el original, las frases reproducen el vaivén de las olas.

Porque (y esto también lo he leído) no somos ríos. Somos olas.

Yo leí una traducción. Si es justa con el original, no lo sé. Si me arrastró, por seguir con el símil, si me dejé mecer a su suerte, sí que lo sé.

Y no sé si somos ríos o somos olas.

Pero estuve a merced de ellas.

Y fui feliz.

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