viernes, 16 de enero de 2026

Decepciones

Este año vuelvo a llegar a mi máximo nivel de incompetencia puesto que soy el presidente de la comunidad de vecinos. Como nuestra comunidad incluye dos portales (en Valencia, patios), es decir, todo el edificio (en Valencia, finca), más el garaje, no puedo decir que en mis dominios nunca se pone el sol, aunque confieso que he puesto el retrato de Felipe II de fondo de pantalla pues me siento muy unido a él. Sacar pecho por un cargo que es rotatorio, y que más que un premio es un castigo, es un tanto ridículo, ya lo sé. Además, y como dirían Les Luthiers, más que de saber se trata de tener el teléfono (y el correo) del que sabe, y eso lo tengo, por lo que mi trabajo consiste en mirar, escuchar, llamar, escribir y ser muy cansino (siempre con respeto) para que me hagan caso y resuelvan los problemas. Nada complicado. Aún así, no voy a negar que estoy tentado de poner una placa conmemorativa (con mi nombre) en las paredes del portal (patio) cada vez que algo queda hecho. Por ahora me he contenido. Por ahora.

No es la primera vez que soy presidente. Ya lo fui en el pasado. Y me dejó muy mal sabor de boca. Y no porque lo hiciera mal. Era mi hija pequeña entonces. Y cuando escuchó que yo era el presidente de la comunidad interpretó que su padre era el presidente de la comunidad…valenciana. Y fue por su colegio presumiendo de ello. Cuando descubrió la verdad, su cara de decepción no se me borra. Y ella tampoco lo ha olvidado. Me lo suele recordar.

Es muy duro decepcionar a un hijo. Aunque sea por un malentendido. Recuerdo otra anécdota, en este caso de mi sobrina donostiarra (ya la conté, pero viene al caso). En Guipúzcoa, los regalos de Navidad los trae el Olentzero. El Olentzero es un carbonero glotón y borrachín que sólo baja a las zonas habitadas en Nochebuena a llevar los regalos. También tiene ciertos problemas de logística en la distribución y suele apoyarse en los padres para realizar su tarea. A mi sobrina, cuando era pequeña, una compañera de clase le comunicó la noticia. Pero ella no entendió que el Olentzero eran los padres. Ella lo que entendió fue que el Olentzero eran sus padres. Así:

- ¿Es verdad que vosotros sois el Olentzero?

 -Bueno, la verdad es que sí.

-¿Y cómo lo hacéis?

Ni el Olentzero existía ni sus padres tenían superpoderes. Doble decepción. Así, de golpe. ¿Peor que descubrir que tu padre no es el presidente de la Comunidad Valenciana? Buena pregunta.

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