lunes, 18 de abril de 2016

Y, con ustedes, una nueva entrega de “Sociología for parotets”

Bueno, yo no diría tanto. Simplemente estuve en la cena de quintos del sesenta y seis en la capital del Secarral y tomé unas cuantas notas de campo, bastante previsibles, por otra parte, que enumeraré.

Éramos muchos los llamados y fuimos cuarenta los asistentes, hijos todos del “Baby boom”. No demasiados chicos y sí bastantes chicas. Saludé a los chicos. Algunas chicas me preguntaron que quién era yo, que no me habían visto nunca. Bien empezamos. No importa. No asistí para saciar mi ego sino para profundizar en mi estudio sobre la existencia (o no) de la crisis de los cincuenta (y para juntarme con unos cuantos con los que siempre se está bien y no para sembrar ajos ni para picar en la mina sino para comer y beber, que tiene su encanto). Y observé un par de cosas.

La primera es que hay que ver qué viejos son los que tienen mi edad. Siempre he dicho que los del sesenta y seis somos jóvenes por naturaleza, pero, visto lo visto, qué poco se nos nota. Vamos, que lo que somos por naturaleza ya es otra cosa. El retrato que teníamos que envejecía por nosotros se ha desintegrado.

La segunda es que las tensiones sexuales que no quedaron resueltas en su momento no desaparecieron, sino que han permanecido aletargadas sin menguar, por mucho que pase el tiempo o por muchos años que se cumplan, esperando su oportunidad. Y aprovechan sus oportunidades. Los cincuenta también son múltiplo de quince.

Y, el resto, en la próxima entrega.

2 comentarios:

Slim dijo...

jajaja pues si que nos dejas con intriga....

El Impenitente dijo...

Seguro.