martes, 2 de noviembre de 2010

Telefunken y el amor

Se estropeó el televisor en casa y mi padre decidió llevarlo a reparar. Me nombró voluntario ayudante, lo cargamos en el coche y lo llevamos hasta la casa oficial que estaba cerca del séptimo pino. Tenía yo entonces dieciséis años y aquel televisor pesaba como un muerto. Llegamos a nuestro destino, lo metimos dentro del taller de reparaciones y me quedé fuera vigilando el coche, que se había quedado mal aparcado. Estaba el taller en una planta baja, junto a un portal. Se abrió la puerta de aquel portal y de allí salió una chica de unos quince años morena, delgada, con el pelo recogido en una coleta, de mirada triste y sonrisa melancólica. De aquel portal salió un ángel de piel de viento en cuyos ojos se aventuraban todas las delicias de la luna que pasó junto a mí dejando una estela de otoño y nostalgia. Yo tenía dieciséis años, la cara llena de granos, pelusilla sobre los labios, una nuez que se salía del mapa y unas gafas de pera y estaba enamorado como un cursi de dieciséis años.

¿Por qué no has dicho nada? ¿Por qué no le has dicho nada? No la vas a volver a ver. Ha pasado delante de ti y no le has dicho nada. ¿Y qué le iba a decir? No sé, algo, cualquier cosa. ¿Y qué es algo? ¿Qué es cualquier cosa? ¿Qué guapa eres? ¿Me gustas mucho? ¿Me gustaría conocerte? ¿Quieres venir conmigo al cine? Yo no valgo para eso. ¿Y si me hubiera dicho que no? Yo me muero ahí mismo. Daba igual. No la vas a volver a ver. Me dice que no y no levanto cabeza. ¿Y es mejor estar así? ¿Es mejor recordarla constantemente? Pues tal vez sí. ¿Tal vez sí? Tú eres tonto. ¿Y si te hubiera dicho que sí? ¿Y si le hubieses gustado? Pero, ¿cómo le voy a gustar? ¿Cómo le va gustar un chico que se acerca a ella sin nada que decirle y que no sabe qué decir? ¿Y si empieza a gritar socorro? Hay que arriesgarse. Tenías que arriesgarte. No la vas a volver a ver. Tendrías que habértela jugado. Si hubiera salido bien, pues mira. Y si hubiese salido mal, ¿qué? ¿Que haces el ridículo? ¿Y quién se va a enterar? Te callas y en paz. Y ya se te pasará el disgusto. No sé. Tal vez tengas razón.

Llamaron para decir que el televisor estaba reparado y mi padre volvió a reclutar a su voluntario favorito. Llegamos al taller y me quede fuera vigilando el coche, mirando el portal, ensayando. Al rato me llamó mi padre, entré y salimos cargando el televisor. Nada más salir a la calle se abrió el portal de al lado. Y, efectivamente, allí estaba ella, con su mirada triste, su piel de viento y su estela de otoño. Y allí estaba yo, con mi padre, cargando un televisor y llevándolo hasta el coche. Pero ese paso de baile no lo había ensayado. Ese paso de baile no estaba en el guión. Y mientras trataba de improvisar la tele ya estaba guardada. Y mientras preparaba un plan de acción ella ya había desaparecido. Y cuando supe perfectamente qué decir y cómo decírlo habían pasado dos semanas. Y entonces empecé a dar golpes sin parar al televisor. Pero no se estropeó. No se volvió a estropear. Los cabrones del servicio oficial habían hecho un buen trabajo. Y un buen día me cansé de dar golpes. Y dejé de pensar que por qué no volvía a buscarla. Para qué iba a volver. Para qué.

15 comentarios:

Arual dijo...

Qué bonito! Mira que eran buenos los Telefunken!

Rey Felón dijo...

Telefucken!

Debiste darle más fuerte al trasto, por lo menos hasta acallar a Alfredo Amestoy (porque de esa época aproximadamente se trataría ¿no?).

Supongo que emplear más violencia era incompatible con el vate de los granos y las estelas de otoño.

GARRATY dijo...

Siempre he sentido una mezcla de admiración y odio hacia aquellos que sabían qué decir en estos casos.
Si, además, no hacía falta abrir la boca para tener un corro de admiradoras entonces el odio pasaba a ser visceral. Envídia creo que lo llaman.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Ninguna televisión funcionaba mejor que aquellas enormes televisiones...

Qué fácil es identificarse en esta historia, qué rematadamente fácil...

Slim dijo...

pero ha habido alguien en la historia que supiera qué decir en esos casos? (no valen peliculas, libros ni otros instrumentos de ficcion)

Anónimo dijo...

Es mejor dejarlo así, en una bonita historia,a saber que había realmente bajo esa piel de viento, tal vez, una pasivaagresivasicópata que te hubiera arrancado la nuez a mordiscos

G. dijo...

Es celebérrima la belleza de las adolescentes del séptimo pino. La atracción de lo exótico.

El Impenitente dijo...

Alfredo Amestoy y José Antonio Plaza fueron anteriores. Naranjito se libró por los pelos de llevarse algún golpe. O golpecillo, que no era buena la violencia para el acné.

Que me hubiese arrancado la nuez a mordiscos o que me hubiese respondido -¿lo cualo? No sé qué hubiese sido peor.

Y las adolescentes son bellas en todos los pinos. Y las no adolescentes también.

3'14 dijo...

Mejor que saber qué decir es tener algo qué decir... Menos mal que con los años uno aprende que eso del amor a primera vista es una mamarrachez, y a lo que en realidad llaman amor cuando quieren decir encoñamiento.

Anónimo dijo...

Según iba leyendo estaba convencida de que cuando ibas cargado con el televisor ibas a soltarle a tu musa cualquier mamarrachada de tu propia elucubración, y del embeleso-empane que llevabas encima se te iba a caer el televisor al suelo, y ella vería como tu padre te soltaba una colleja y se cagaba en ti. Las teles, y el amor, son muy frágiles, ya lo advierten en el embalaje, handle with care.

(así que hiciste bien permaneciendo calladito, que siempre se está más guapo :)

Jaramiel

SisterBoy dijo...

Telefunken Palcolor, las cosas como són.

Hiciste bien en no decir ni hacer nada, de hecho no decir ni hacer nada es la mejor opción en casi cualquier acontecimiento de la vida (excepto casos de urgencia como cuando te estas quemando vivo o algo así)

El Impenitente dijo...

Pi, me parece que aún me quedan unos cuantos años para aprender que el amor a primera vista es una mamarrachez.

¿El amor tiene embalaje?

No sé si hice bien o mal. Sólo sé que hice lo único que sabía hacer. No hacer o no decir nada es la solución cuando no hay otra mejor. Pero puede ser una solución, desde luego.

Alex Maladroit dijo...

Benditas redes sociales, benditos blogs, benditos métodos cobardes para acercarse a nuestra 'ella' particular. No con 16, sino con un poco más.

El Impenitente dijo...

Y benditos bailes de tupés, ¿no?

Alex Maladroit dijo...

Alejandro sonríe (dándote la razón).