domingo, 13 de septiembre de 2009

Y escupen a mi paso rayos de impiedad

Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de escribir una entrada que argumente y justifique que la verdadera encarnación del infierno en la tierra no es otra que los parques infantiles. Pero este verano me he dado cuenta que hay otro lugar infinitamente más mefistofélico. Ese lugar no es otro que una feria con atracciones infantiles, lo conocido toda la vida como los caballitos.

Ya he comentado muchas veces que mis orígenes familiares provienen de dos pueblos muy cercanos entre sí, B. y V., del secarral de la Mancha Baja conquense. Soy, por tanto, “medio de pueblo” (escribo entre comillas lo de medio de pueblo porque es más fácil entrar en ciertos selectos y exclusivos clubes de Londres o en algunas sociedades gastronómicas donostiarras que el que te admitan en un pueblo, al menos en los que frecuento. Para ser considerado de allí hay que haber nacido en el lugar, que seis generaciones previas también lo hayan hecho, que estés censado y que residas en el pueblo un mínimo de trescientos sesenta días al año. Si no, eres un forastero. Da igual lo que lo frecuentes, lo que sientas, el gasto que hagas o lo enraizados que estén tus apellidos. Eres un forastero y punto. Y a callar. Mi desgracia es que no soy valenciano pues nací en Madrid y no tengo ancestros valencianos. Tampoco soy madrileño pues llevo veintiocho años en Valencia. Y en el secarral no me admiten. Soy un desarraigado. Siempre pensé que esa era la razón principal por la cual nunca gané el Tour de Francia, ya que en ninguna parte me habrían recibido para festejarlo. El hecho de que ni siquiera tenga bicicleta es un tema menor. Y cierro el paréntesis que yo quería hablar de la feria y he terminado coronando cerros en Úbeda).

A lo que iba. A finales de agosto se celebra siempre en B. la feria. Hay baile todas las noches, montan unos cuantos puestos (cada año menos) y chiringuitos y una serie de atracciones para los críos. No son muchas (nueve) pero como son cinco días de feria, pues nueve por cinco ya son cuarenta y cinco y esas ya son demasiadas.

Nosotros vamos en tropel, hijos y sobrinos, entre dos y nueve años. Hay atracciones que no son para los más niños. Sus primos mayores suben. Ellos quieren subir pero no pueden. Se quedan llorando. Ya tenemos el lío.

Los niños no se cansan nunca. Pero nunca. Pueden subir infinitas veces a la misma atracción. Es muy agradable ver a tu hijo disfrutar. Una vez. Dos veces. Incluso tres. Después te aburres soberanamente antes que la ira se apodere de ti. Tu hijo da vueltas y vueltas. Cada vez que pasa te saluda y se ríe. Tú le saludas y te ríes. Él sigue saludándote y riéndose. Tú ya no te ríes. Después ni saludas. Después coges un lanzallamas.

Dos euros y medio es la tarifa de cada atracción. Hijos y sobrinos. Cinco días de feria. La sangría es de aquella manera. El cajero automático ya me tutea. Como hace siempre mi amigo el Senséi, tras meter la tarjeta y teclear el código, al aparecer en la pantalla el menú le dice al cajero -¿para qué preguntas? ¿Tú qué crees que quiero? A mí el cajero, como aquello de Faemino y Cansado, me llama el Hombre Tuporaqui. –Hombre, tú por aquí de nuevo. ¿Cuánto va a ser hoy?

En los caballitos coincides con todos aquellos de tu generación. Antes cerrábamos el baile. Ahora abrimos los caballitos. Con algunos te llevas bien, te alegras de verlos después de cierto tiempo. Otros son amigos con los cuales no hace falta hablar. Hay otros con los que siempre te has llevado a matar, o no te has hablado nunca o te caen como las témporas, primos y parientes incluidos. Y ahora estás allí, contemporizando, charlando amistosamente con gente a la cual al que menos le deseas es un dolor de muelas o una piedra en el riñón mientras nuestros hijos dan vueltas y vueltas saludando en una atracción que no se acaba nunca.

Luego está la decoración de las atracciones. Y la música…la música…las canciones de los caballitos y de los coches de choque…esos himnos… ¿Cómo ha podido pervivir la humanidad tantos siglos sin el reguetón?...No sé, si algún día me encontrase cara a cara con Fofito o con Camela, si sería capaz de controlarme, a pesar de que confieso sentir debilidad por las letras de Camela, las más lógicas que jamás haya escuchado. Tal vez le dedique alguna vez una entrada a las letras de Camela.

Y luego están los feriantes, unos especímenes que debieran ser estudiados más por el National Geographic que por los sociólogos. Dan ganas de ir repartiendo sermones –A ver, tú, córtate el pelo que vas ridículo. Y tú, cómprate una goma de borrar y te dejas el cuerpo impoluto que esos tatuajes que me llevas son grimosos. Vosotros, que sepáis que hay una cosa que se llama jabón, que mata los piojos y elimina el mal olor. Tú te me vas a afeitar la cabeza ahora mismo que eso que llevas justificaría la actuación de oficio del Tribunal de la Haya. Y tú, que cinco días que llevo viniendo, cinco días que te he visto con la misma camiseta del Camarón. Cámbiate, por favor. Y tú directamente te suicidas porque es que lo tuyo no tiene remedio.

Con todo, creo que existe un lugar que huele todavía más a azufre que los parques infantiles y las ferias de atracciones. Espero no tener que escribir nunca una entrada contando la experiencia que me supuso acompañar a mis hijos al circo, aunque me temo que de esta próxima Navidad no va a pasar.

Satán, Satán, tus malevos caminos sí que son inescrutables.

19 comentarios:

Slim dijo...

te compadezco, yo tambien odio las ferias, sobre todo el OLOR a churro y a fritanga, no lo soporto! menos mal que no tenemos pueblo ni fiestas patronales y nos libramos, y en las fiestas del pilar de ZGZ solo vamos al parque de atracciones que es mucho más llevadero...lo del circo, ejem. yo aun tengo pesadillas con una vez que fui a ver al malogrado ángel cristo que llevaba unas mallas blancas sucias y...no sigo. espero tu entrada, que lo vas a contar mucho mejor!

Arual dijo...

Este post, una vez más, anda cargado de razón a raudales. Me quedo sobre todo con eso que dices de lo difícil que es "ser de un pueblo". Yo nací en el mío y viví 365 días al año hasta los 13 años, momento en que mis padres me metieron en un internado de monjas a estudiar en una ciudad cercana a 35 km (comprended así alguno de mis comportamientos extraños) y empecé a ser forastera, a pesar de que mis padres y mi casa siempre ha estado allí, a pesar de que mis amigos siempre han estado allí, a pesar de que pertenezco a la Cofradía de Tambores y paso gran parte de mis vacaciones y mis fines de semana allí, a pesar de que me casé con un chico que aunque no vivía allí tenía la mitad de su familia y una casa de veraneo allí, etc. etc. Pero yo me siento de allí, y eso es lo que cuenta, no??

El Impenitente dijo...

Prefiero escribir una entrada contando qué se siente mientras a uno le amputan sus cuatro extremidades sin anestesia que ver a Ángel Cristo en mallitas.

Supongo que es verdad, que lo importante es lo que uno siente. Pero molesta no tanto que te rechacen sino el tonito con que te rechazan, como el chiste. En Belmonte, además, acuñaron el concepto "turi" que es todavía más despectivo y que se aplica a los que, como tú, dejaron el pueblo para estudiar y trabajar y a todos sus descendientes. Y no sabes tú qué ganas nos tienen a los turis, cuántas patadas y broncas jugando al futbito, con el pabellón en contra (Senséi o Kas, si leéis esto, confirmadlo), con árbitros inventándose penalties y si nuestro portero lo paraba lo mandaban repetir. Años épicos jugando a futbito. Y ganando. Quién tuviese veinte años ahora.

carlos esteve dijo...

Me quedo con tu coartada para dejar ganar a los demás en el tour de francia! Buenísimo.

Saludos

GARRATY dijo...

Comparado con el circo la feria huele a jardín en primavera.

¿No había tómbola en la feria?

Si ganaras el Tour habría bofetadas entre Madrid, Valencia y el Secarral para dirimir tus orígenes, celebrarlo por todo lo alto y hacerte hijo adoptivo y predilecto. Eso si nadie querría saber nada de ti cuando se descubriese tu positivo por EPO y pastillas de cafeína.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Es asombroso cómo se puede sentir tanta empatía con el autor de un post que narra situaciones tan desconocidas para este servidor (ni tengo pueblo, ni tengo niños, ni frecuento ferias...).

Y estoy con Carlos Esteve: lo del Tour, una genialidad.

El Impenitente dijo...

Sí que había tómbola, sí, y supongo que con muñecas Chochonas.

Y tal vez diese positivo por EPO pero nunca por Durvitán. Eso se lo dejo a los que se depilan las piernas.

Si te sientes triste por no tener ni pueblo ni feria puedo hacerte de cicerón. Será una experiencia irrepetible. Lo de los niños ya te lo dejo a ti.

Si tampoco gané el Giro o la Vuelta o Wimbledon o la final olímpica de 800 m. fue por la misma razón, por supuesto.

Sett dijo...

Hola Zar.

Cuanto tiempo.Voy a ponerme al dia con todo esto.

Un abrazo

3'14 dijo...

A medida que iba leyendo el post, recordaba este verano en Mallorca. Llegamos en plenas fiestas del pueblo donde reside el padrino de 3'15. Y por supuesto, fuimos a las ferias, de hecho la única noche que salí fue para ir a un supuesto baile retro de los 70, en donde sonaba la sintonía de "Oliver y Benji", con lo que muy setentero no era, pero bueno... y evidentemente, servidora se lo pasó entre "los caballitos", las colchonetas elásticas y el castillo hinchable con piscina de bolas... Eso sí, como espectadora. Los amigos se iban turnando para hacerme compañía, pues era el único niño que había y a diferencia de ti, no tenía ni amigos, ni familiares ni conocidos con los que debatir temas tan apasionantes como lo caros que resultan los libros y el material escolar y que duro es volver al trabajo, pero más duro un verano de vacaciones con hijos...

Al circo hay que llevarlos de bien pequeños, yo le llevé con unos 2 años, lo cual le traumatizó al ver a los payasos que le causaron mucho miedo, así, cuando ahora insinúa volver, le recuerdo que no le gustó nada aquel año que fuimos. Ya si eso, cuando sea mayor ya me agradecerá ser la causante de todos sus traumas.

3'14 dijo...

Lo del circo es broma... no soy tan perversa, aunque no será por falta de recursos.

El Impenitente dijo...

Hombre, Sett. Me alegro. Tarea tienes, desde luego.

Ir al circo de mayor traumatiza mucho más. Y pasar junto a un circo cuando no hay función traumatiza de por vida.

Slim dijo...

ya sabia yo que tanto circo de los payasos de la tele no debia ser bueno, miranos ahora todos traumatizados...

SisterBoy dijo...

Y yo me pregunto ¿para qué molestarse en tener un hijo cuando voy a pasar por toda la experencia paternal a traves de ustedes queridos amigos?

A lo que ibamos

1. Yo nací en La Gomera pero viví toda mi infancia en Santa Cruz de Tenerife con lo que en la Gomera me llamaban el Chicharrero y en Tenerife el gomero. Riete tú del síndrome de Ulises

2. Lo de la música de las ferias sí que da para una tesis doctoral y no todas esas monsergas del existencialismo. Y si no fijense en la célebre canción de los Toros Mecánicos. Al lado de esto el mítico "Aporotroperritopilotoayquelíoquealboroto" es puro Monteverdi

http://www.youtube.com/watch?v=0VeG6B3jtKI

3. Todos los feriantes que conocía en mi época verbenera eran ex presidiarios. De hecho tengo entendido que el équipo de producción de Callejeros barajó la posibilidad de dedicarles uno de sus programas y lo rechazaron por excesivamente sórdido.

4. A Canarias (al igual que sucedía con los militares y los maestros)sólo llegaban los circos más cutrongos. Incluso de niño odiaba ese espectáculo. Sobre todo odiaba al Jefe de Pista y al Payaso Listo

Ana dijo...

Que asco que da el payaso listo.

GARRATY dijo...

¿Como estan ustedeeeeeeees?

Perdón. No he podido evitarlo.

toupeiro dijo...

Prefiero los coches de choque porque puedo descargar mi ira contra el coche, mejor dicho contra el ocupante del coche que me apetezca.

Lo mejor es la competencia que tienen todas las atracciones para ver quien consigue poner la música mÁs alta ¡ES MARAVILLOSO!

El Impenitente dijo...

Por lo menos los Payasos de la Tele nos trataban de usted. Nos traumatizaron pero con educación.

El Payaso Listo, con su cara de blanco y su traje de hombre de hojalata era grimoso. Pero el payaso o los payasos tontos no eran mejores. ¿Alguien se habrá reído alguna vez con algún payaso en el circo? Uno de los hermanos Tonetti terminó suicidándose.

Gran canción, Sisterboy, sólo comparable a ésta:

http://www.youtube.com/watch?v=jRj8RjAUxGE

SisterBoy dijo...

Si una canción infantil tiene algun sentido entonces no sirve como canción infantil.

Álex Estébanez dijo...

Horribles lugares, sin duda, pero coincido en lo del circo. Hace unos días llevé a mi sobrino a uno y la absoluta decadencia que desprende da entre grima y pena, aunque gana la grima.