miércoles, 20 de mayo de 2009

Tiempo y silencio

Decía Borges que no se sentía especialmente orgulloso de los libros que había escrito pero que, sin embargo, lo que verdaderamente le enorgullecía era los libros que había leído. Parafraseando desde la distancia a Borges diré que me enorgullezco de los libros que he leído pero que siento un vértigo enorme por los libros que aún tengo pendientes, que son infinitos. Basta leer algo que te guste e indagar un poco sobre su autor, sobre su obra, sus preferencias o sus coetáneos para que el número de libros pendientes se dispare.

Estaba yo en el año noventa y tres en la mili. Curioseando me encontré con dos cajones llenos de libros con toneladas de polvo acumulado que formaron parte en su momento de alguna biblioteca y que en cualquier remodelación o traslado pasaron al olvido. –Mi Sargento Primero, ¿da usted su permiso para robar unos cuantos libros? –Hombre, permiso no tienes, pero voy a salir y volveré en una hora.

Uno de los libros que, sorprendentemente, apareció en mi taquilla fue “Tiempo de silencio” de Martín-Santos. Luego pasó a casa de mis padres hasta que, recientemente, me lo encontré y, bueno, me lo leí. Este libro forma parte del plan de estudios y no deja de ser un clásico contemporáneo, por lo que no voy a descubrirlo. Es una historia sórdida en un Madrid sórdido en un periodo sórdido (finales de los cuarenta). Me ha gustado mucho, claro. Además tuve una sensación muy gozosa, y es que este libro, con esa prosa tan rica y tan exuberante, te estimula a escribir. Tal y como lees te entran ganas de emborronar páginas, algo que, hasta ahora, sólo me había sucedido con Cortázar y con las canciones de El Niño Gusano. Así que el placer al leerlo fue doble.

Y, tal como acabas, pues buscas información sobre Martín-Santos y ves que su obra en muy breve pues murió muy joven de accidente, pero resulta que formaba parte del círculo de los Aldecoa, de Benet, de Sánchez Ferlosio, de Martín Gaite y, claro, como comentaba al principio, el abanico se amplía, y los autores de cabecera aumentan en número, y habrá que leer algo de los citados y, por tanto, los libros pendientes se disparan y cuántas cosas me quedan por leer y por qué no tendrá el día cincuenta horas.

14 comentarios:

Álex Estébanez dijo...

Tiempo de silencio es uno de esos libros que creo que nunca abriré para terminar de leerlo. Es lo que tienen las lecturas impuestas a los quince años.

Y con días de cincuenta horas a lo mejor me daba tiempo a terminar de leer la pila de "primeros pendientes", pero cada vez que entro en una biblioteca me dan ganas de llorar, al ver todo lo que no voy a poder leer.

GARRATY dijo...

Siempre le digo a mi mujer que el día, próximo lo presiento, que me toque una cantidad indecente de dinero en la primitiva pienso dedicarme a estudiar, leer y correr.

Estoy convencido de que mi mujer piensa que estoy tonto.

Anónimo dijo...

Pues no estaba en mi plan de estudios,que yo me leía todos los libros con mucho gusto (gracias a los dioses nunca me ha pasado lo de que por ser obligados ya no los disfrute...me gusta demasiado leer).Pues me lo leeré,aunque aborrezco la sordidez,sobre todo la buscada deliberadamente para que la gente diga esa frase tan tonta de "es como una patada en el estómago".Prefiero las patadas en el cerebro sin efectismos tontos.

Arual dijo...

Yo lo leí por obligación y no guardo buen recuerdo de él, la verdad.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Hay tanto que leer (ver, comer, sentir, visitar... vivir en definitiva) y tan poco tiempo...

Me apunto la recomendación.

El Impenitente dijo...

Yo lo primero que haré con el dinero de la primitiva será comprarme una bicicleta. Nueve meses al año dedicados al triatlón y tres a la maratón. Tres o cuatro viajes al año. Tres o cuatro horas al día dedicadas a la lectura. La familia, comer y dormir y aún me faltarán horas.

Mi mujer no lo piensa porque sabe que nunca nos tocará la primitiva.

Ratones, chabolas, abortos, prostíbulos, gitanos y un alma cándida en medio de toda esa vorágine. ¿Una patada en el cerebro? Bueno.

También tengo buenos recuerdos de los libros que me obligaron a leer. Creo que de esto ya hablamos. Soy partidario de los libros obligatorios porque siempre habrá un hombre justo en Sodoma.

Álex Estébanez dijo...

Creo que se me ha interpretado mal. No estoy en contra de las lecturas obligatorias, sólo pido que se escojan con criterio.

SisterBoy dijo...

Hay una peli de Imano Arias basada en ese libro. Por cierto ya que nombras a Benet te desrecomiendo "Volveras a Región" a pesar de que no es demasiado largo es definitivamente el libro que más me ha costado terminar y el que me disuadió de mi manía de terminar todo lo que empezaba.

El Impenitente dijo...

Yo aún no he encontrado el libro que me disuada de esa manía. Desde hace más de cuatro años me faltan trescientas páginas para terminar "La Habana para un infante difunto" de Cabrera Infante, pero sólo nos estamos dando un tiempo.

3'14 dijo...

Definitivamente, no podré terminar "Ruido de fondo", y no es que sea una mala lectura, pero hemos tenido mala suerte y no cuajamos. Cuando a algo se le dan demasiadas oportunidades sin éxito mejor pasar página. Y nunca mejor dicho.

El libro que citas, y como bien dices, formaba parte de los obligatorios en el instituto. No me lo leí en su momento, pero sí más tarde. Y recuerdo que me gustó mucho.

Y hablando de libros, por fin he empezado "Sobre héroes y tumbas". Ya te comentaré cuando lo termine.

El Impenitente dijo...

Da recuerdos a Martín del Castillo.

Altosybajos dijo...

Días de 50 horas. Son la respuesa a mis deseos.
Me agobio al pensar en lo que me queda por leer y lo poco que he leído a pesar de ser un lector bastante constante.
Leer, correr, tareas del hogar... El mundo según Garp. Lo recomiendo

El Impenitente dijo...

¿Tareas del hogar?

Tomo nota.

Toupeiro dijo...

Llevo tiempo enfadado conmigo mismo por no dedicar más horas a la lectura, pero es que no sé distribuir mejor mis ratos libres; por eso la dejo siempre para última hora en la cama y me quedo dormido en la primera pagina; ya está toda sobada mientras la segunda espera su turno impaciente; llevo así... ni me acuerdo cuanto tiempo.