miércoles, 17 de diciembre de 2008

Mariconaes

Mala educación he recibido, quizá no demasiado acorde con estos tiempos. No soy de los del hombre y el oso ni de los de sudor, tabaco y brea, pero antes el concepto hombre y masculino estaban bastante relacionados y bastante definidos, y lo que se salía del tiesto era rápidamente tildado como mariconada. Repito que no soy ni muy machito, ni muy machote ni defiendo la superioridad del hombre sobre la mujer salvo en el lanzamiento de disco, jugando al fútbol y conduciendo. Si soy, reconozco, algo misógino, especialmente en la salvaguarda de los grupos de amigos frente a las injerencias malignas de novias y esposas (Yoko Ono fue la punta del iceberg) pero creo que hombres y mujeres son personas siendo las personas mujeres infinitamente más atractivas que las personas hombres y no sigo pues estando el mundo tan sensible y tan políticamente correcto supongo que me estaré metiendo en un jardín babilónico.

Recientemente me hablaron del correr Chi, que se basa en las lecciones del Tai Chi y que se aplica a la carrera teniendo como objetivo el moverse con la naturaleza a la par que trata de modificar el modo de contemplar el mundo. Una mariconada. No dudo que tal vez sea efectivo y que correr pensando en la paz perpetua con la rodilla apuntando a la papada de Confucio hermanado con el sol y con las abubillas mejore mi rendimiento y mi esencia como ser humano, pero a mí esas cosas me parecen mariconadas. Es algo así como los corredores populares que corren mirando el pulsómetro obsesionados con sus pulsaciones, que en cuanto les duele una pestaña ya están pidiendo hora para el fisioterapeuta, que hacen dietas alimenticias disociadas antes de una carrera y que se depilan en cuanto te descuidas. Una panda de maricones.

Si el gran icono en la actualidad es el mariconazo de Cristiano Ronaldo, con un afán exhibicionista que le obliga a que cada vez que toca el balón tiene que hacer un helizoide alabeado en cono director en vez de dársela al compañero desmarcado, que tiene un asesor únicamente para sus cejas, que está deseando que ocurra cualquier lance del juego para subirse la camiseta y mostrar al mundo que por cada segundo que pasó en una biblioteca (si es que sabe lo que es una biblioteca o un libro) ha pasado cincuenta mil horas en un gimnasio, que alardea de novias macizas más que Alberto de Mónaco es que algo no funciona y el mundo está en un tris de desmoronarse.

Y seguramente esté equivocado y totalmente desfasado y lo que tendría que hacer es depilarme, untarme a cremitas antes de acostarme porque más que patas de gallo empiezo a tener al gallo entero y empezar a asesorarme sobre que tinte de pelo me convendría más antes que las canas tomen definitivamente el mando en mi cabeza. Y para convertirme por completo debiera empezar a creer en milongazas como la aromaterapia y risoterapia como complemento del mundo Chi en la búsqueda de la excelencia interior, volverme un erudito pedantón en vinos y hacerme adicto a los masajitos y a los spa.

Y del spa quería hablar (todo esto es para contar que he estado en un spa. Mira que me gustan los preámbulos). Le regalé a Ana por su cumpleaños una sesión de spa con masaje. Hasta aquí todo bien pues le hizo mucha ilusión y se alegró bastante. El tema de la apotema fue que no quería ir sola y me conminó a que la acompañase. Me negué, por supuesto. No podía ser que yo, el más macho de todos los machos, yo, el que se afeita como Gary Cooper con navaja y sin espuma ni jabón, yo, el que tiene como referente a Clint Eastwood en “El sargento de hierro”, fuese a un antro de esos lleno de mequetrefes, pusilánimes y nenazas. Evidentemente fui. Y allí estuve con los chorritos y las burbujitas, con el agua caliente y fría, con las duchas con aromas de esencia de no se qué, con el baño turco y la sauna, con la fuente de hielo y los cubos de agua fría, con los riñones calentitos en la zona de relax. Y me gustó. Y me lo pasé bien. Y cuando salí de allí estaba de un relajado que no podía dejar de sonreír y con una paz interior que bien podría ser Chi. Y no me preocupa pensar que tal vez me esté amariconando. Me preocupa que no me preocupe saber que soy un maricón.

9 comentarios:

Álex dijo...

Haz lo que quieras, pero por favor, nunca te conviertas en un pedante de los vinos. Conozco a muchos y sé de lo que hablo. Son peores que Cristiano Ronaldo y Guti juntos en un salón de belleza.

J.P. dijo...

¿Estuviste en un Spa?

¡¡MARICONAZOOOOOOOOOOO!!

Se lo pienso decir a Salustiano.

El Impenitente dijo...

J.P., veo que te ciega la rabia por ver qué equipo va justo por encima del tuyo con un punto más y eso te hace perder los papeles. No te preocupes, que no te lo tengo en cuenta.

Álex, siempre he pensado que los vinos son uno de los grandes refugios de la estupidez humana. Yo también conozco a unos cuantos pero no me atrevería a decir que son peores que Cristiano Ronaldo y Guti juntos. No sé si habrá algo peor que estos dos juntos.

SisterBoy dijo...

Creo que soy la única persona en el mundo que nunca ha estado en un Spa

Anónimo dijo...

Bailas de un modo raro, te gusta la música disco,una de tus mejores noches la pasaste en Morocco,y por fín te gusta el spa...¡¡¡¡ASUMELO TIO!!!

Altosybajos dijo...

Te pones a hablar de piernas depiladas, miradas al pulsómetro, paseos por el fisio y mariconadas parecidas y se me aparece una sonrisa malintencionada en la cara.
Si, amariconarse tiene su punto de prohibido y por tanto nos atrae.
Aquí confieso que también visité un spa y disfruté mucho con los chorritos en la espalda.
El chi debe ser una engañifla y donde estén unas buenas asics (vengo de comprarme unas 2130 y estoy loco de contento. Lo tenía que contar no?)y mucho asfalto por delante; ahí estaremos los "peloenpecho"

El Impenitente dijo...

La mejor noche. Morocco merece una entrada. Alaska, Raphael, Raffaella Carra, Marisol, Xanadú, El Puma... Qué noche. Mi gran noche que cantarían a dúo Adamo y Raphael (Será, será esa noche ideal que ya nunca se olvida).

Pues sí, Sisterboy. Éramos dos y ya sólo quedas tú.

Con unas Asics y con pelo en el pecho y en las piernas bajé de tres horas. Y ya tengo otras Asics que se están preparando conmigo para el veintidos de febrero junto con los pelos del pecho y de las piernas.

3'14 dijo...

Estuve una vez en uno y lo que es relajarme... pues como que tampoco, claro que sólo estuve en lo de las aguas termales, los chorritos y las diferentes salas tipo: aromaterapia, sauna, hielo... y poco más. Y la verdad, supongo que debería haberme lanzado a lo de los masajes y los tratamientos corporales o faciales con diveros potingues, pero eso no entraba dentro del presupuesto. Y es que, aquello parecía marineland, familias enteras con los críos, de piscina en piscina armando escándalo, grupos de amigos que vociferaban cada vez que descubrían una zona nueva ¡Joder! por más que fuera mi primera vez también, me pude controlar al sentir el burbujeo por todo mi cuerpo al sentarme en una tumbona y presionar el botón, sin necesidad de ponerme a gritar de euforia, en cuanto a la experiencia con los cambios de temperatura frío/calor, lo sufro cada día en mi propia ducha, con lo que tampoco le veo la gracia a pagar por ello... Yo es que debo ser muy poco maricona.

Anónimo dijo...

jajaja, colega, un hincha rojiblanco no se convierte en maricón jaja, aunque vayas a un spa o te depiles o lo que sea

un abrazo.