martes, 27 de octubre de 2026

Refritos: la calabaza

Víspera de Todos los Santos en la aldea del Secarral. Mi hermano y yo estábamos con nuestro primo Fran y sus amigos. Nos encantaba juntarnos con él. No sólo era mayor que nosotros. Era el primo mayor. No creo que le hiciera mucha gracia tener que cargar con dos mocosos (y a sus amigos, menos). Pero le tocaba. Y nos tenían de espectadores mientras vaciaban una calabaza. Luego le perfilaron una boca medio desdentada, una nariz y unos ojos realmente siniestros. Y cuando estuvo terminada, salimos para la calle. Era noche cerrada.

El plan era el siguiente: delante de una casa encendíamos una vela y ésta quedaba dentro de la calabaza. Luego llamábamos a la puerta y nos escondíamos (estas cosas se hacían en España en esa noche a principios de los años setenta). Si se daba bien, provocábamos un susto, nos reíamos y seguíamos a por otra casa. A por otro susto.

Llegamos a la primera. Vela encendida. Calabaza en su sitio. Golpes en la puerta. Carreras para escondernos. Puerta que se abre. Susto. Hasta aquí, el plan había funcionado.

Luego, no. El asustado primero le dio tal patada a la calabaza que la desintegró (sin noticias de la vela). Después empezó a insultarnos y amagó con salir detrás de nosotros. Y corrimos. Y corrimos. Y corrimos hasta mucho después de sentirnos seguros. El susto digamos que nos lo devolvió. Pero reírnos, ahí creo que ganamos nosotros.

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