jueves, 2 de julio de 2026

Breves (con toda mi alma)

Estábamos de boda, un grupo, charlando. Se acercó el novio y nos presentó a su jefe. -¿Vosotros sois también Físicos? -preguntó. - ¿Nosotros? No -contesté. Nosotros somos borrachos. Me miró con gesto extrañado. -Lo cual nos convierte en ciudadanos del mundo -añadí. Su gesto siguió siendo de extrañeza, con una mueca que intentaba ser una sonrisa. -Me parece, Car, que no todo el mundo ha visto “Casablanca”-pensé. -Has pretendido ser brillante y has resultado ser muy torpe. Para ser Bogart o Claude Rains hay que valer, y tú…

Mientras me recupero de mi lesión nado, hago bicicleta estática (y dinámica por el Secarral) y elíptica. Antes odiaba a la elíptica, aunque ya le he cogido el tranquillo. No voy a decir que me entretiene. Tampoco es eso. Pero sí que se me pasa rápido. Suelo ir al gimnasio de la UPV junto a mi hijo. Aunque no siempre. Un día, por no ir hasta allá, me bajé a un parque cercano a mi casa, donde hay aparatos para que los abuelos (y quien quiera) hagan sus ejercicios y allí que me subí. Como diría Gonzalo, un sexagenario haciendo cosas de sexagenario. Media hora estuve. Pero fue una experiencia incompleta. Porque no hablé con nadie. En el gimnasio no lo hago, pero aquí esperaba que nos contásemos nuestra vida unos a otros. De vez en cuando llegaba alguno, se subía y no duraba ni tres minutos. Y se iba. Y no me daba tiempo a pegar la hebra. Aunque peor fue cuando llegué a casa y mis hijos me abroncaron. Que cómo se me ocurría ir a este sitio. Que qué vergüenza. Que esperaban que no me hubiese visto nigún vecino. Que la última vez. Ea. No soy ni Bogart ni Claude Rains ni tampoco puedo hacer mis ejercicios en los parques públicos. Mal todo.

Anunció Julio Ródenas que iba a poner seguidas tres canciones emblemáticas del llamado Britpop y que ninguna iba ser ni de Blur ni de Oasis. Empecé a frotarme las manos. Comenzó con Elastica. “Connection”. Un buen principio, y más porque la tenía olvidada y la recuperé. Siguió con Suede. “Trash”. Ovación. Tanto ésta como “Beautiful ones” eran obligadas cada vez que Sanfélix y yo íbamos a Tranvía. La disfruté doble, triplemente. Terminó. Y levanté los brazos. Y empecé a jalear. Porque la siguiente sólo podía ser una. Porque ya sabía lo que iba a pasar. Y pasó. Pulp. “Common people”. No soy ni Bogart ni Claude Rains. No puedo hacer mis ejercicios en los parques públicos. Pero yo solo, en el coche, sí que puedo ser Jarvis Cocker. Y lo fui. Con toda mi alma.

No hay comentarios: