Acabo de terminar “Coloquio de invierno”. Nueve personas se quedan atrapadas en un refugio durante un temporal de nieve y empiezan a contarse historias, unas mejores que otras, pero con la firma de Landero y su capacidad inmarcesible de deslumbrarte en mitad de la atonía. Adjunto unas cuantas citas. Cuatro, exactamente. Una es un apunte de cultura general, que igual todos ustedes conocen pero que yo ignoraba y que comparto por si a alguien le es útil en una conversación de jueves cultural. Las otras tres no las aparto de mi mente mientras trato de discutirlas con él, aunque no termino de tener argumentos suficientes, ni a favor ni en contra. ¿Que por qué las reseño? Buena pregunta. Este tipo de frases que me remueven no deja de ser una forma de ponerme delante de un espejo sin caer en la egolatría (creo). Tal vez le sirvan a alguien.
Esa palabra, laconismo, viene de Laconia, un reino de la antigua Grecia, también conocido como Esparta. Los lacedemonios o laconios o espartanos sólo hablaban lo justo, y abominaban de la palabrería, como le pasa a Víctor. Una vez hubo una gran hambruna y vinieron los representantes de otro reino, vasallo de Laconia, a pedir arroz. Llegaron a la asamblea con un saco vacío. Lo enseñaron y dijeron, al estilo lacónico: “No tenemos arroz”. Pues bien, los laconios les afearon su exceso de elocuencia, ya que con enseñar el saco hubiera sido suficiente para hacerse entender, sin necesidad de palabras. Y de haber recurrido a las palabras, no hubiera sido necesario el saco.
-Hay incluso quien dice que vivir es vivir más contar –añade Nuria-, y que hasta que no se cuenta lo vivido, con su pequeño añadido imaginario, no está completa la existencia vital. Y ahí están para confirmarlo el recuerdo y el sueño. ¿Qué hacemos al recordar? Nos contamos nuestro pasado. ¿Y al soñar? Pues lo mismo aunque de un modo estrafalario. Pero, de un modo o de otro, solos o en compañía, no sabemos vivir sin contar lo vivido.
“Desde hacía muchos años, yo daba por sabido el pasado”. No se había detenido a pensar que, como todo en la vida, también el pasado hay que ganárselo, disputárselo palmo a palmo al olvido.
Quizá todos somos hijos de unos cuantos momentos de asombro. ¿No dijo algo de eso Platón?
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