sábado, 4 de abril de 2026

Musculación

Estaban junto a la puerta. Eran cuatro. Enseguida llegó un quinto. Entraron juntos al complejo donde está la piscina. Me puse a la cola detrás de ellos. Tendrían unos ochenta años. Uno llevaba garrota. Otro, el pelo teñido. Dos iban en chándal. Los cinco llevaban su bolsa de deportes. En la mano. Al hombro. A la sala de musculación, sí. ¿Número de usuario? Se lo dio. Es uno ochenta. Dejó las monedas sobre el mostrador. Va justo. Pasó. Llegó el siguiente. Musculación. Número. Las monedas en el mostrador. Y el siguiente. Y, al pasar, no bajaban hacia el vestuario. Se quedaban allí. Esperando. En silencio. Y cuando el quinto dijo musculación y su número de usuario, dejó su montón de monedas sobre el mostrador y entró, cuando ya, por fin, estaban todos dentro, entonces y sólo entonces, juntos los cinco, bajaron.

Llegó mi turno. Perdón por la espera. ¿Perdón? No tiene por qué. Me hubiera quedado mucho más rato observándolos.

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