domingo, 17 de mayo de 2026

Catalina y Lorenzo

Por la mañana yo esperaba a las ocho en el cruce de la calle Granada con Narciso Serra. Allí me recogían. Conducía el padre de Fabián un coche amarillo. Dentro, además del conductor, Fabián y sus dos hermanos. Tenían una cinta de los Beatles y la ponían al subir, siempre desde el principio. Cuando yo entraba, “She loves you” ya estaba avanzada. Seguía “A hard day’s night”. Después, “I want to hold your hand”. Continuaba “Can’t buy me love” y en mitad de esta canción era cuando llegábamos al colegio. No recuerdo ninguna conversación de entonces. Ninguna anécdota de aquellos trayectos. Sólo la secuencia de canciones, especialmente cuando sonaba “I want to hold your hand”. Lo mejor de aquel viaje. Lo mejor de aquellos viajes.

Por la tarde, si mi padre venía a comer a casa, nos acercaba a mi hermano y a mí. Nos subíamos en el asiento de atrás porque, en Doctor Esquerdo, recogíamos a José Antonio. Éste era un asturiano grandullón, compañero de mi padre. Solían hablar de trabajo. Al cruzar Conde de Casal o al subir Doctor Esquerdo, si el semáforo se ponía en amarillo, mi padre preguntaba - ¿Lo pinto de verde? Y José Antonio respondía -píntalo de verde. No siempre hablaban de trabajo. Si el día era soleado, al entrar José Antonio decía -cómo pega el Lorenzo. Y entonces los dos, compitiendo por ver quién engolaba más la voz, empezaban -al sol le llaman Lore Lorenzo y a la luna luna, Catalina lina. Cuando se acuesta Lore Lorenzo, se levanta vanta, Catalina lina. Al poco nos bajábamos nosotros y ellos seguían su camino. Nos dejaban un poco lejos del colegio, aunque no nos importaba porque en el recorrido teníamos un circuito e íbamos echando carreras hasta que llegábamos. Sudando. Y si hacía sol, cantando. Lorenzo. Catalina.

“I want to hold your hand” es una canción fabulosa. Mítica. Legendaria. Sin embargo, Lorenzo y Catalina la miran por encima del hombro. Porque pueden.

No hay comentarios: