viernes, 24 de abril de 2026

Querida María: Todo el mundo no es igual que los demás


El programa se llamaba “Chichirichachi”. Lo dirigía Carlos Faraco y lo presentaban Juan Suárez y Sara Vítores (quien no hace mucho que falleció). Lo escuchaba camino al trabajo. Era devoto. Sus secciones. Las canciones que sonaban. Como ser hincha de un equipo. Socio de un club. Yo pertenecía a ese programa. No duró mucho. No se olvida. No lo olvido.

Era septiembre. Final del verano. Empezó a sonar “Here, there and everywhere”, de los Beatles. “Querida María: “. Cartas, leídas alternativamente por Juan o por Sara. Todas con el mismo encabezamiento. Con cada una sonaba una versión distinta de “Here, there and everywhere”. Eran cartas de amor. De desamor. Amores de verano. El primer amor. El final del verano. Románticas. Tristes. Despechadas. Ilusionadas. Desengañadas. Felices. Hermosas. Grises. Negras. Con la misma canción. Con la misma melodía.

“Here, there and everywhere” se quedó con aquel momento. Y aquel momento, con esta canción. Cuando McCartney canta -to lead a better life, i need my love to be here- yo pienso -Querida María. Y vuelvo a la adolescencia. Y escribo mi carta.



Chevi tenía un grupo que se llamaba “Toxodon”. Chevi era compañero de clase de mi hermano y aquellas Fallas tocaron en una verbena en la calle Albacete. Había venido Mª Luz, con su abrigo largo negro, de la capital del Secarral, y esa noche nos fuimos ella, Gabi, mi hermano y yo hacia la verbena. Allí coincidimos con otros amigos de clase de mi hermano. Lo pasamos fabulosamente (tremendamente, maravillosamente) bien (pocas Fallas como aquellas). Al terminar, nos volvimos andando. Recuerdo que Nacha Pop acababa de sacar “Más números, otras letras” y yo estaba absolutamente entregado a la causa. A mi hermano también le gustaba y había hecho proselitismo con José María, uno de sus amigos. Volviendo, no sé por qué razón, empezamos a cantar los tres “Enganchado a una señal de bus”, de aquel disco. Veo garras de murciélagos de noche. Veo sombras que se funden con la mía. Nos abrazamos mientras cantábamos. La noche era completa. El mundo era para nosotros. La vida era nuestra.

“Enganchado a una señal de bus” se quedó con aquel momento. Y aquel momento, con esta canción. Esta mañana, en la planta, Antonio Vega se ha puesto a cantar -no comprendo cómo puedes acostarte, para no dormir y luego levantarte. Y yo he retornado a aquellas Fallas, a aquella verbena, a aquel camino de vuelta, feliz, fabuloso, inolvidable, completo.

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