sábado, 20 de enero de 2018

La realidad está sobrevalorada

Era su primera media maratón y me ofrecí a acompañarle durante la segunda mitad. Quedé con él en el diez. No charlamos mucho, pero eso era lo de menos: el ritmo era bueno y no dio síntomas de desfallecer.

-Sigo contigo hasta el veinte. El final ya es para ti, que te lo has ganado.

-El kilómetro veinte ya lo hemos pasado.

-No. Está en la siguiente esquina.

-Según mi reloj ya lo hemos pasado.

-Pues faltan trescientos metros.

-Mi reloj no se equivoca.

-Pues entonces puedes pararte cuando tu reloj marque los veintiún kilómetros y noventa y siete metros y medio. Lo malo es que no coincida con la pancarta que pone meta. Aunque eso supongo que será un problema menor, ¿no?


Colocamos las piezas en la mesa y procedimos a meterlas en el autoclave. Tuvimos que abortar ya que una de las mismas, que estaba situada en la tercera planta, tocaba con el techo. Informamos a la responsable.

-¿Y habéis sacado la mesa?

-Sí. Y bajamos la pieza.

-¿Por qué?

-Por la impenetrabilidad de los cuerpos sólidos.

-Es que es imposible que toque.

-Hombre. Imposible…

-Mira la simulación en 3D que tengo en el ordenador. ¿Ves? No toca. Entra perfectamente. Es imposible que toque. Vamos, que no toca.

-Pues lo que tú digas.


Sábado Santo. Nos íbamos a comer al campo. Entramos en la tienda a comprar. Salimos. Llovía.

-No me digas que está lloviendo.

-Pues no te lo digo.

-Es que no puede estar lloviendo.

-Hombre, lo que se dice poder…

-Según la aplicación que tengo en el móvil hoy daban todo el día soleado. No puede estar lloviendo. No puede. Imposible.

-Pues será imposible. Pero moja.

2 comentarios:

J.P. dijo...

Siempre que veo la predicción del tiempo en el teléfono me acuerdo de ti.

El Impenitente dijo...

Es lo más romántico que me han dicho en años.