sábado, 14 de mayo de 2016

Mujeres

Mi hija va a nadar un día a la semana. Va a lo que llaman cursillo. Están en una calle con los que tienen, más o menos, su edad y su nivel. Ella ha ido cambiando de calle hasta que, hace unos días, me llamaron los del club de natación que llevan la piscina (al cual pertenece mi hijo) para decirme que la habían observado y que, si queríamos, podría entrar también en el club ya que tenía el nivel suficiente. También me propusieron no dar el salto inmediatamente (pasar de entrenar uno a cinco días a la semana no es fácil) sino entrar en lo que ellos llaman pre-escuela, que entrenan dos o tres días a la semana. A mí me pareció bien, pero, respondí, dejadme que lo comente con mi hija.

Se lo comenté. Se lo planteé como un logro, como un gran triunfo. Ella ni gesticuló. Si le hubiese dicho que en Ranchipur seguía lloviendo habría mostrado la misma emoción. No me dijo nada. Y yo, por supuesto, lo interpreté como un sí.

A los pocos días, al llegar a casa, Ana me dijo –tu hija quiere hablar contigo. Bien, lo que quería decirme es que no tenía el menor interés ni en entrar en el club, ni en nadar ni en competir. Mi hija sabe perfectamente que me tiene tomada la medida y que puede hacer conmigo lo que le dé la gana, pero se ve que esta vez pensó que el motivo requería un esfuerzo y, en vez de decirme un lacónico –paso- se decantó por el melodrama y, así, comenzó a llorar con unos lagrimones como puños, y entre sollozos, me dijo que no quería entrar en el club. Lo mejor de todo vino después cuando, de una manera realmente conmovedora, dijo –¡y ahora tú te sentirás decepcionado y yo no quiero decepcionarte, papá!

Bueno, bueno. Abrazado a ella le dije que no se preocupase, que no pasaba nada, que no podía obligarla y, que si ésa era su decisión, pues la aceptaba y ya está. Y, por supuesto, nada de sentirme decepcionado. Aún soltó un par de hipidos y al ratejo estaba viendo la tele como si nada hubiese pasado.

Y, es cierto, no puedo obligarla. Pero también es cierto que considero que la natación es un deporte fabuloso y una herramienta muy útil para la educación. Divertirse haciendo deporte nunca fue malo. Así, pues sí, yo respetaba su decisión, pero eso no quería decir que fuese a tirar la toalla.

Al poco tiempo fuimos a una competición de mi hijo en Castellón. Allí mi hija hizo muy buenas migas con una niña de su edad llamada Claudia. Se pasaron toda la mañana juntas. A la vuelta, le pregunté -¿qué tal con Claudia?

-Muy bien. Es una chica muy maja y lo hemos pasado fenomenal. Hemos jugado un montón y me he divertido mucho.

-Pues, ¿sabes? Claudia va a la pre-escuela. Si fueras, tendrías allí una amiga y te lo podrías pasar muy bien.

-Tampoco es tan maja.

No hay nada que hacer.

4 comentarios:

Raquel Campos Martinez dijo...

Me encanta. Superfan de Berta.

El Impenitente dijo...

Se lo he dicho. -Normal- ha respondido.

Silvia García Castro dijo...

Jaaaaaaa! Berta for president.
No hay nadie como ella. Es única. Es mi más mejor amiga :)

El Impenitente dijo...

Sí que es única, sí.