domingo, 21 de marzo de 2010

El indiscriminado uso de la técnica del name-dropping y sus nulas consecuencias

No sé cuánto dinero habrán ganado los creadores del Youtube pero poco se me hace. Yo estoy por levantarles un monumento. Las posibilidades para un mitómano enamorado del atletismo son infinitas. He visto a Livio Berruti y sus gafas de sol en Roma, a Abebe Bikila ganar descalzo en la Vía Apia y calzado en Tokio, a un Edwin Moses de veinte años ganar en Montreal, a los fabulosos Jim Hines, Tommie Smith, Lee Evans, Larry James y Bob Beamon en Méjico, a John Akii-Bua (el único ugandés, junto a Idi Amín Dadá, que conozco) ganar el cuatro vallas y a Dave Wottle remontar lo inverosímil en el ochocientos en Munich. He podido ver a Roger Bannister bajar de cuatro minutos en la milla y derrotar a John Landy en la carrera del siglo. He revivido los duelos entre Ovett y Coe. He vuelto a saborear el bronce de Abascal en los Ángeles. Se me han vuelto a poner los pelos de punta rememorando la gloriosa final de longitud en Tokio entre Mike Powell y Carl Lewis. He admirado la zancada poderosa y elegante de Juantorena (qué poco duró Juantorena). He vuelto a enamorarme de Marita Koch y de Marlies Gohr. Y de Ulrike Meyfarth. Y de Sara Simeoni. Y de Wilma Rudolph. Y de Evelyn Ashford. Y viendo a Kazankina y a Kratochvilova me sigo preguntando que qué casualidad que la mayoría de los records femeninos tengan más de veinte años. Y lo que les queda.

La foto que aparece en este blog arriba a la derecha y que acompaña en los comentarios a El Impenitente no es una foto cualquiera. Esta imagen muestra el cien en la última vuelta de la final de cinco mil de Helsinki 52. Los Juegos de Helsinki, cuyo penúltimo relevo de la antorcha hizo el legendario Paavo Nurmi (¿qué fue de los finlandeses voladores?) en un acto más que simbólico de redención y reivindicación del gran Paavo y cuyo pebetero medía exactamente 72,71 metros, la distancia a la que lanzó la jabalina Matti Järvinen en Los Ángeles y con la que ganó (el lanzamiento de jabalina es el deporte nacional en Finlandia). En ella aparecen el checoslovaco Emil Zatopek, el francés Alain Mimoun, el alemán Schade y, por los suelos, el británico Chataway (¿qué fue del medio fondo británico?). Según la leyenda esta es la carrera más hermosa que jamás se haya disputado. No seré yo quien discuta una leyenda. No he visto la carrera entera, tan sólo la última vuelta y ésta es portentosa, con ataques constantes. Ganó Zatopek, el gran Zatopek. En realidad es escribir Zatopek y ponerme en pie. Todo un personaje. Todo un campeón. Apoyó la Primavera de Praga y fue degradado y condenado a barrer las calles de Praga. Duró poco. Era el gran héroe nacional. Por donde iba era aclamado, vitoreado. La gente se mataba por coger su escoba y barrer por él. No pudo el régimen soportar tantos actos de homenaje. Segundo fue Mimoun, el eterno segundón que vivió su momento de gloria cuatro años después en Melbourne al ganar el maratón. Zatopek fue sexto en esa carrera. Buenos amigos, es inolvidable la imagen de Mimoun aplaudiendo cuando el checoslovaco entraba en meta.

Pero mi vídeo favorito es otro. Quizá los tres más grandes fondistas de la historia han sido y son los etíopes Haile Gebreselassie y Kenenisa Bekele y el keniata Paul Tergat. El primero y el tercero coincidieron y se las tuvieron tiesas. El vídeo corresponde a la final de diez mil en Sydney. En Atlanta Tergat atacó tarde y Gebreselassie le ganó bien. En Sydney lo hizo en el trescientos. El ataque es muy poderoso. La zancada de Tergat es elegante, maravillosa, un espectáculo. Siempre he sido más keniata que etíope, aunque no sea más que porque el rojo y el negro combinan mejor que el verde y el rojo. Pero lo que hace Gebre en la última recta es indescriptible. Porque Tergat es un coloso, Tergat es un dios. Y Gebreselassie le pasa. Gebreselassie le gana. Oí una vez a Ramón Trecet decir que como los africanos desconocen el imposible hacen el imposible. No sé si alguna vez Tergat y Gebreselassie hicieron algo posible, algo humano.

El caso es que, vea el vídeo que vea, siempre me muero de envidia. Quién hubiese sido Chataway. Ojalá me hubiese caído en una final olímpica.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

NAME-DROPPING (n.) Dicese de la costumbre de intentar impresionar a otras personas mediante una estudiada pero aparentemente casual mención de nombres de personas o amigos prominentes.(Merriam-Webster Dictionary.)

Pues vaya costumbre más fea.

Slim dijo...

mas que del youtube, tu entrada parece salida del Quien es quien..en el atletismo mundial. tenias ese libro? yo tenia uno de inventores que me encantaba.

El Impenitente dijo...

Bueno, el name-dropping, aparte de algo pedante, puede servir para dar más peso a los argumentos, o como ejemplo o para hacer más ameno un relato. Puede ser una costumbre fea o no tan fea.

No sé si existe el "Quién es quién" de atletismo. Y el libro de inventores que comentas me ha hecho recordar uno que tuve que se llamaba "Héroes en zapatillas" que me gustaba mucho.

Alex Maladroit dijo...

Dieciséis años después, en checoslovaquia aún se acordaban de un atleta ganador olímpico. Eran otros tiempos.

(Si Zatopek es el corredor de Helsinki'52).

Jugar al Name-Dropping es divertido a la par que pedante. No reniegues jamás. Siéntete superior al resto por saber unos cuantos nombres.

Palitos Candela dijo...

Ante la ausencia total de relato, ejemplo o argumento sólo nos queda el mal hábito de la pedantería.

El Impenitente dijo...

¿Es mal hábito la pedantería?

Álex, no esperaba menos del que se hace acompañar por Jean Luc.

Juan Rodríguez Millán dijo...

La verdad es que es emocionante ver todo aquello que, durante tanto tiempo, sólo habíamos podido ver plasmado en libros o, con suerte, con imágenes sueltas en algún reportaje. Lo que a ti te pasa con el atletismo me pasa a mí, por ejemplo, con el cine o con el cómic. Lo que leer historietas publicadas en los años 40, lo que es ver un cine que antes, con mucha suerte, sólo se podía ver en sesiones televisivas de madrugada.

Sin tener el mismo cariño que tú al atletismo, ni de lejos, se me pone la piel de gallina recordando aquellos diez mil de Sydney. Qué carrerón, madre mía... Y ese sueño también lo tengo. El de vivir una final olímpica. De lo que sea.

SisterBoy dijo...

El youtube es como un cuchillo, puedes usarlo para cortar el pan o para cortar un cuello. De este modo por más que millones de personas en el mundo usen el tubo para ver a adolescentes colombianas bailando en bikini también se puede usar para cosas como esta.

En estos cinco años de existencia del tubo son incontables las cosas que he recuperado y las cosas de las que había oido hablar y que pensaba que nunca podría ver. Incluso he contribuido, en la medida de lo posible, a aportar mi granito de arena en ese aspecto con resultados frustrantes como espero tener ocasión de contar muy pronto.

Ganenle al Real Madrid el fin de semana

El Impenitente dijo...

Si gana el Atleti el domingo en el Bernabéu y el jueves siguiente en Mestalla, dadas las fechas que se avecinan, prometo hacerme la procesión del Viernes Santo de las cinco de la mañana en Belmonte entera.

Slim dijo...

sister queremos ver tus experimentos videográficos!!

tatus dijo...

Hola¡
Permiteme presentarme soy tatiana administradora de un directorio de blogs y webs, visité tu página y está genial, me encantaría contar con tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo tambien.
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Un beso
tatiana.

El Impenitente dijo...

Bueno, Tatiana, ya que mi blog te ha parecido tan superferolítico supongo que nos seguiremos viendo por aquí, que tú no serás como aquellos que vinieron y nunca volvieron dejándome roto el corazón.

adela dijo...

Leyéndote (sí, te leo) me recuerdas a Al-74 (las comparaciones, ¡qué seríamos sin ellas!) cuando habla de música, y tú asientes con la cabez, y piensas en otras cosas, como ¿qué voy a comer mañana?¿ habré apagado la luz del patio?¿cuándo nos iremos al baile?. O cuando Noe habla y habla de la HS (que no es un champú).

El Impenitente dijo...

Adela, creo que entiendo lo que quieres decir. Debe de ser algo parecido a cuando terminas de comer, te sientas en el sofá y alguien aparece con una cámara de fotos, la enchufa al televisor y te muestra las fotos de su último viaje en un número que oscila entre infinito e infinito más uno. Pones la cara estándar de interés moderado con gesto de sorpresa no demasiado sobreactuado y, hala, a ver por dónde haré hoy los cambios de ritmo.

Altosybajos dijo...

Has conseguido que lea tu entrada tres veces y saboreado los vídeos otras tantas.
Gracias

El Impenitente dijo...

Hombre, me alegro. Cuando la escribí pensé que esta iba a ser la entrada de los cero lectores y los cero comentarios, pero me lo pasé en grande. En cierto modo fue un homenaje que me pegué a mí mismo.