lunes, 4 de enero de 2010

Cagalbatas

Creo en los Reyes Magos. Me gusta creer en ellos. No tengo otra razón. No trato de convencer a nadie ni quiero que nadie me convenza de lo contrario. Todas las noches del cinco de enero dejo mis zapatos colocados. Algunas veces tuve algo. Otras veces no. Quizá no fui ni siquiera lo suficientemente malo para recibir carbón. Otras veces fui yo quien dejó el regalo en los zapatos. Los Reyes Magos tienen sus propios métodos y sus caminos son, por tanto, inescrutables. Los Reyes Magos, aunque parezca increíble, son magos.

A los siete años me fue revelada la gran verdad. No recuerdo que me supusiese ningún trauma. Soy el mayor de cuatro hermanos y disfruté mucho viéndolos disfrutar. Luego fuimos creciendo. Años tontos, quizá. Años escépticos. Y decidí recuperar la ilusión. Se está mejor creyendo en los Reyes Magos que no creyendo en ellos. Mucho mejor.

Como creo en los Reyes Magos no soporto las cabalgatas (o cagalbatas, como diría mi crío). Hacen un flaco favor a los crédulos ingenuos. Nos hacen dudar. De pequeño mis padres evitaron llevarnos a ninguna. Después fui yo quien hui de ellas. Ahora soy padre y las frecuento. Alguna mala experiencia tuve, pero decidí que la única manera de soportar y sobrevivir a una cabalgata era verlo todo a través de los ojos de mis hijos y disfrutar en la medida que ellos disfrutan. Y prefiero no ver ni oír nada. Los Reyes Magos son una cosa muy seria. Muy seria. Y las cabalgatas son algo que produce vergüenza ajena.

Tengo, sin embargo, muy buen recuerdo de una. La embajada española en Gabón todas las noches de Reyes invita a la colonia española. Y hubo un año que yo estaba por allí junto a los montadores y allá que nos fuimos. Nos dieron un pequeño ágape y, después, entró toda la comitiva real. Daban un poco de lástima. La temperatura estaría en torno a los treinta grados y la humedad sería del ochenta por cien. Estábamos todos de manga corta. Pensaba en el secarral conquense (como siga lloviendo de la manera en que lo está haciendo las últimas semanas habrá que pensar en cambiarle el nombre), con sus hielos y el viento que te corta y me daba la risa. Y la comitiva real al borde de la deshidratación y sudando la gota gorda. Se presentaron, nos repartieron unos números y dijeron que los Reyes Magos iban a rifar los regalos. Resultó ser una broma pues había regalos para todos. Cuando decían tu número salías, te presentabas, explicabas qué hacías allí y recibías tu regalo. La colonia española la formaban misioneros, los que estábamos en la obra, gente instalada por motivos comerciales o matrimoniales y personal de una importante constructora dedicada a abrir pistas en mitad de la selva. Salió mi número, me presenté y me dieron un libro: “La colmena” de Cela. No lo había leído. Cuando acabó la entrega de regalos el embajador, que había estado de vacaciones por Madrid y había pasado por el Prado, donde se aprovisionó de un montón de insignias o pines con la figura de una Menina, anunció que nos iba a condecorar. Primero sus altezas y su comitiva, y después nosotros, uno a uno pasamos y él, con gran solemnidad y un mucho de guasa, afirmaba estar imponiéndonos la Gran Orden de la Menina de Oro. Terminó aquello y nos fuimos. Al día siguiente teníamos que trabajar. Volví a mi lucha con los montadores. Y cuando me reprochaban los fallos o los inconvenientes trataba de argumentarles, sin éxito alguno, que vivir una cabalgata en una embajada en el extranjero es algo que pocas personas pueden contar. Les daba igual. Todo aquello les daba igual. No era dinero.

Pero a mí no me dio igual. Yo estaba en Libreville y los Reyes Magos se habían acordado de mí. Aquella noche puse mis zapatos y a la mañana siguiente tenía un libro en ellos. Aquel día supe que siempre creería en los Reyes Magos. Siempre. Porque los Reyes Magos existen. Sí que existen. Claro que existen.

17 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

"Se está mejor creyendo en los Reyes Magos que no creyendo en ellos". Amén a eso. Cuando vuelva a creer, te avisaré sin falta.

Slim dijo...

Yo creo, sí creo!
vivan los reyes magos!!

3'14 dijo...

Este año, debido a la crisis, en la cabalgata veremos: de Melchor al mismo tipo que durante los días previos estuvo haciendo de papá noel, pluriempleado y con el mismo traje para amortizarlo, no incluído en el contrato que firmó con la ETT y que tuvo que apgar de su bolsillo. De Gaspar, montan carroza la asociación en favor del pueblo saharaui, con banderas e insignias reivindicando los derechos de su pueblo. Y de Baltasar tenemos a Mamadú (el único negro, perdón hombre de color de origen africano, que habla correctamente el catalán y ha estudiado para obtener el nivel C con el que poder aspirar a un puesto en la administración pública), con el uniforme reglamentario de los servicios de limpieza municipal, con escoba en mano y barriendo la calle a su paso.

Pero por su suscito la duda, por mi comentario, sí, estaré en primera fila esperando la llegada de sus majestades de oriente, con la sonrisa más bobalicona que haya, con mi hijo a mi lado cogido de la mano y con sus ojos desprendiendo chispas de ilusión... Sólo espero que este año no arda nada, que ya sabemos la afición que tienen por estos lares a quemar símbolos de la realeza...

Alex Maladroit dijo...

Yo lo descubrí a los 6 añinos, por cotilla y escuchar a quien no debía. A mí lo que más me cautiva de las cabalgatas, es, que en pleno 2010, siga habiendo algún Baltasar de cara negra y cuello blanco.

(Tienes una vida interesante, se te nota curtido, por no llamarte mayor ;)

El Impenitente dijo...

Curtido, no mucho. Mayor sí.

En mi cabalgata los Reyes de un año a otro sólo se diferencian en la nariz y en las pupilas. El resto (trajes, barbas y melenas) es idéntico. Y Baltasar tiene el cuello blanco. Por el secarral todavía no tenemos muchos afroamericanos subsaharianos de tez morena. Negros tampoco.

Álex dijo...

Yo fui uno de esos reyes de cara negra como el betún (más bien como el corcho quemado) y cuello blanco, pero a los críos de preescolar les da igual todo eso. Sobre todo cuando "adivinas" cómo se llaman leyendo su nombre en el mandilón (me niego a decir babi, o baby, o como coño lo escriban los pijos).

Paco dijo...

Yo también creo, hace tres años que volví a creer.

¡Feliz año!

GARRATY dijo...

Creo que pocas cosas puedo afirmar con tanta certeza como que los Reyes Magos existen. Yo los he visto. Anoche mismo a Baltasar.

Arual dijo...

En mi familia somos más de Papa Noëlle, por la simple idea de que los regalos nos los damos antes y los disfrutamos todas las fiestas.
Antes de que se me fuera revelada LA GRAN VERDAD desde luego que tenía regalos por Reyes y también por Nochebuena, doblete, jeje, luego fue así hasta que la última de mis primas perdió la inocencia y no hemos vuelto a recuperar la tradición de reyes hasta este año con motivo de mi pequeño.
Como manda la tradición sufrimos el frío, la llovizna intemitente y la marabunta de niños emocionados en la cabalgata de mi pueblo. Esperamos nerviosos, su padre y yo más que él, a que el pregonero real citara su nombre y cuando éste fue pronunciado 45 minutos después de haberse iniciado la entrega de regalos en la plaza mayor y ya todos los pelos de mi cuerpo estaban ultracongelados cual escarpias, mi marido y él se dispusieron a subir a recoger el preciado regalo con cara de ilusión hasta que la proximidad del rey Gaspar en mi hijo empezó a provocar otra sensación distinta más cercana al miedo y éste empezó a llorar como un loco conmocionando al público presente y a mí en mayor medida. Menos mal que al volver a bajar del escenario real y abrir el regalo la cara de mi hijo volvió a cambiar y lució una amplia sonrisa. Sólo entonces valió la pena, el frío, el disgusto y el superesfriado que pillamos todos en el evento del 5 de enero.

SisterBoy dijo...

Es un tópico pero hay que decirlo más. No soporto que cada año en la mayoría de las cabalgatas pongan de Rey Baltasar a un idiota con la cara embarrusada, puede que hace veinte años hubiera dificultades para encontrar alguién del sur de río Congo (no en Canarias por cierto) pero ¿ahora?. Que los niños no son tontos coño

El Impenitente dijo...

Mis hijos hoy han tenido que ir al psicólogo. No pueden soportar el pensar que hayan terminado las navidades. No lo conciben. Es imposible un día sin deshacer y hacer el belén. Es terrible pensar que falta un año para que vuelvan los Reyes Magos.

Yo estoy contento pues no he escapado mal. Un pijama (el pragmatismo de los Reyes Magos es tremendo) y un disco de Diana Krall, a quien nunca perdonaré que prefiriese casarse con Elvis Costello antes que conmigo. Y en los zapatos que estaban junto a los míos dejaron dos libros de Lovecraft. Sólo ver la portada ya me ha dado miedo. No seré yo quien los lea.

Cuando haya concejales negros entonces Baltasar no llevará la cara pintada. O cuando hayamos metido a toda la estirpe política española en una fosa común y se regenere el sistema. Mientras tanto en los grandes municipios la industria del betún no quebrará.

SisterBoy dijo...

Si en alguno de los libros de Lovecraft está "La sombra sombre Innsmouth" te rcomendaría que empezaras por ahí y si no te gusta dejalo

Providencio dijo...

Joder, Sister, ha sido decir "La sombra sobre Innsmouth" y he sufrido el mismo escalofrío que padecí cuando la leí hace muchos lustros (bien recomendado por un amigo barbudo y gótico). Creo que fue mi favorita pero no la volveré a leer, más por temor al resultado de esa relectura que por temor al acogedor horror del submundo lovecraftiano. Como mola decir lovecraftiano.

Muy acertados esos Magos. Y muy equivocada Diana Krall que hubiese sido infinitamente más mandibulérrima e inspirada a tu lado que al de Costello. Esa decisión sí que fue una cagalbata, señora Krall.

El Impenitente dijo...

Pues no está ese relato entre los libros de Lovecraft que los Reyes han traído. Habré de pedírselo a Providencio o a su amigo barbudo y gótico, que creo saber quién es. O quién era pues de tan enamorado como está no hay quien lo reconozca.

Si yo hubiese sido el señor Krall la hubiese tenido todo el día tocando y cantando para mí sólo.

Alex Maladroit dijo...

La sombra sobre Innsmouth es apasionante, de verdad, con pocas historias te puedes sentir tan inmerso, tan angustiado...

SisterBoy dijo...

Este es el momento del autobombo así que aprovecho para poner el link de un comentario que hice en su día sobre el cara palo y su relato más celebrado

http://sisterboydrama.blogspot.com/search?q=parpadeaban

El Impenitente dijo...

Recordaba aquella entrada y pensé en releerla cuando me metiese con Lovecraft. Curioso esto del blog, que se empieza con los Reyes Magos y se termina en cualquier sitio.

Siempre está bien el autobombo, especialmente para aquellos que ya no tenemos abuelas.