domingo, 30 de noviembre de 2008

Schlemmer

Estando como estoy metido en el mundo de la construcción no me hace falta escuchar la radio ni ver la televisión para saber cual es la situación económica real actual. Como, además, tengo bastante trato con unos y con otros y el tema de conversación siempre es el mismo, pues no hay muchos motivos para ser optimista. Poco trabajo hay. Para el poco que hay somos muchos y aquí estamos a dentellada limpia tirando los precios por los suelos. Y luego está que te paguen, que esa es otra. Antes estaba muy agobiado y no pegaba ojo. Ahora creo que me estoy volviendo budista y aplico la filosofía de un compañero de mi padre, que siempre que le iban con alguna historia un viernes respondía –qué disgusto me voy a llevar el lunes cuando me entere. Pues lo mismo, aquí estamos, agachando la cabeza y trabajando como podemos, y el día en que todo reviente pues ya me preocuparé.

Hace pocos días estuve en una planta embotelladora de Coca Cola. Me llamaron para una faena un tanto delicada y allí estuve viéndola. Tengo relativa amistad con uno de los mandos intermedios que es el que siempre me llama para las chapuzas aunque nunca para las obras grandes. Visto el trabajo nos quedamos charlando sobre el monotema.

-¿Cómo vais?
-Pues aguantando el tirón, pero muy flojos, ¿y vosotros?
-Pues igual. De cuatro líneas de producción, dos están paradas y la otra la pararemos mañana. Han caído las ventas en picado.
-¿Qué la Coca Cola también va mal?
-¿Qué te crees? Aquí todo va relacionado.

Me quedé helado. Puede ir mal la construcción, el automóvil, las agencias de viajes, los supermercados, la hostelería. Puede ir mal todo, pero no me imaginaba que Coca Cola pudiese bajar la producción de manera tan importante. Tiene su lógica, pero la Coca Cola, entre otras muchas cosas, es el símbolo de lo imprescindible dentro de lo prescindible. La Coca Cola estaba por encima de todo. Y no. La Coca Cola es como todo, también está sujeta a los vaivenes. La cosa está mal. La cosa está muy mal.

11 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

Si la Coca-Cola cae, la crisis es indudable. Pero yo, en mi habitual inocencia, me pregunto: ¿no será que sale más barato traer la Coca-Cola de, pongamos, Kazajistán...? Porque yo no he dejado de beber Coca-Cola, aviso...

Marina Khalo dijo...

Desde luego el tema no da ninguna risa, aunque soy de las que me río hasta de mi mala sombra. El otro día me enviaron un enlace donde se clarifica, con pocas palabras técnicas, lo que viene a ser la crisis. Te lo envío con muchos ánimos.
Lo de la Coca Cola me duele menos, será que no la bebo.

http://www.youtube.com/watch?v=lU-j2mIwOpE

Álex dijo...

Es que la cerveza es más barata que las copas.

Y te lo digo con una lata de Coca-Cola delante.

3'14 dijo...

Esto de la crisis me recuerda a la previsión del tiempo: Todo el día anunciando que hoy será el dia más frío, la noche más gélida... luego o siempre hay otra aun más fría, o no lo era para tanto... con lo que, de tanto anunciarlo, a uno se le ha metido ya un frío en el cuerpo que la sensación térmica es inferior a la que en realidad es.
No niego la existencia de la crisis, de hecho, la padezco, pero también soy de la opinión que, a las verdes y a las maduras, y que de peores nos hemos y tendremos que salirnos... que si crisis implica dejar de echar en el carro de la compra la coca cola para meter más patatas para que cunda el mes, pues se hace y tan panchos. Joder, peor es no tener qué comer, digo yo. Prescindir de "artículos de lujo" pero seguir teniendo cubiertas las necesidades básicas, no encuentro que se una tragedia, lo que pasa es que estamos demasiado bien acostumbrados a no padecer carencia de ningún tipo, y a la que hay que recortar ya hay quien pone el grito en el cielo.

No me da pena por la Coca Cola, sí por los miles de trabajadores que se quedan sin empleo. Y soy de la opinión de Juan Rodríguez Millán, no cierran la planta, lo más probable es que la trasladan...

El Impenitente dijo...

Ganas tengo que me llamen de Heineken para ver si han disminuido ventas.

Las ventas disminuyen porque disminuye la demanda. Lo del traslado de las fábricas es independiente de las ventas. Cuando bebes Coca Cola no miras en el envase su procedencia.

De la crisis todo el mundo habla con conocimiento de causa. Todo el mundo parece saber el origen. Lo malo es que nadie sabe cómo salir salvo confiar en la suerte o en la providencia.

Y la Coca Cola no se va a arruinar. Me chocó que también estuviesen afectados. No me lo esperaba.

fernando dijo...

si la gente ya no bebe Coca Cola... mal mal, la crisis se endurece.

un abrazo.

SisterBoy dijo...

Desde que yo dejé la nightlife está claro que la Coca Cola iba a entrar en crisis (mi trago era Johnny Cola).

No sé si he dicho aqui, o en cualquier sección de comentarios de los aqui presente, que mi el budismo siempre me ha parecido un camelo pero en cierta ocasión escuché una máxima procedente de esa onda que encontré muy razonable y que he procurado aplicar desde entonces.

"Si tiene remedio ¿por qué te preocupas? si no lo tiene ¿por qué te preocupas".

Por cierto que ha muerto Joan Baptista Humet por si no lo sabías. Y Mikel Laboa también

J.P. dijo...

¡¡Queeeee fuerte la coca cola también en crisis!!

El otro día escuché que aparte de la crisis, la gente sigue saliendo igual por la noche.
Yo creo que si la coca cola está así es porque más de unos cuantos se quedarán en casa.

Me consuela un poco que la crisis no afecta tan de lleno al sector de la informática...

El Impenitente dijo...

Lo malo es la incertidumbre. Si supiese si tiene o no solución estaría más tranquilo.

Si disminuyen las plantillas disminuirán los puestos informáticos. Tu sector también zozobra, J.P.

Pobre Humet.

Y pobre Schlemmer, que nadie te recuerda. Ni a Ingebor.

SisterBoy dijo...

Jejeje impenitente por supuesto que me acordaba de Schlemmer y sus taconazos pero como nadie más hizo referencia no queria queda como pedantón. Y naturalmente que me acuerdo de Ingeborn la perfecta secretaria

http://es.youtube.com/watch?v=xPtteGR1xus

El Impenitente dijo...

Hay una buena colección de personajes fabulosos en esta película. El propio McNamara y, sobre todo, su mujer. Y los rusos. Y el chófer. Y la hija del jefe. El final, cuando se desata la histeria, me carga un poco, pero el resto me gusta un montón.