domingo, 7 de septiembre de 2008

Atalaya

Escribió hace tiempo Pi sobre los teleoperadores. Allí estuvimos su aura (en términos sisterboyanos) disertando y departiendo sobre el tema. Conté entonces que al principio los atendía pues no dejan de ser personas trabajando con contratos precarios y sueldos ínfimos. Luego te cansas de ser educado y, tal como llaman, les digo todo seguido y sin dejarles hablar –lo siento, pero no me interesa. Muchas gracias, perdone y hasta luego- lo cual no deja de ser una forma de ser descortés cortésmente que no me crea problemas de conciencia.

Recordé aquella entrada porque estos días pasados me encontré de bruces con unos cuantos Testigos de Jehová. Ahora los rehuyo pero hubo un tiempo en que me gustaba pegar la hebra con ellos. Era mucho más joven y estaba preocupado por tener opinión de todas las cosas e, incluso, quería tener principios. Recuerdo una vez, tendría veintipocos años, que me abordaron por la calle y me preguntaron a bocajarro -¿Usted cree que en el siglo que viene habrá guerras en el mundo?- Les respondí que estaba convencido de que sí.-¿Y en que se basa para afirmarlo? –Hombre, no sé cuántos siglos llevará el hombre sobre la tierra, pero no ha habido ninguno en que no haya habido guerras. No sé por qué el próximo tendría que ser diferente. -¿Y cual cree usted que sería la solución? ¿Cuándo terminarán las guerras en el mundo? –Teniendo en cuenta que Caín y Abel estaban solos y uno mató al otro, la única solución consiste en el exterminio absoluto de la especie humana. A aquellos se les iluminó su cara y empezaron a abrir sus Antiguos Testamentos y me enseñaron textos de Daniel, de Ezequiel, de Isaías que afirmaban lo mismo y allí estuvimos un buen rato charlando sobre el fin del mundo y de lenguas de fuego, de glaciaciones, de deshielos, de meteoritos y de volcanes en erupción (supongo que ahora estarán encantados con lo del cambio climático). De nuevo terminaron regalándome su revista “Atalaya” y de nuevo fui recibido por mi madre al llegar a casa –pero, ¿otra vez, Carlitos? ¿Otra vez? No, si al final te captarán. Ya verás, ya.

No me captaron. Terminé aburriéndome pues me di cuenta de que no iba a ninguna parte. Y ahora, cuando los veo, los rehuyo. Pero los miro con cierto cariño. Desde lejos, eso sí.

12 comentarios:

Marina Khalo dijo...

He tenido experiencias con lo de hablar con los teleoperadores. Estos últimos meses ha sido la invasión de los ultracuerpos, con persistentes llamadas esporas en la intención de ser vainas y captar nuevos clientes. ¡Qué hartazgo!

Con los Testigos de Jehová (y que me perdonen si alguno que me lee lo es) he tenido menos paciencia. Me sale urticaria nada más me asaltan con su petición: “Tiene un momento”. Supongo que para el que cree en la eternidad un instante tiene poco valor. Además lo de la revista Atalaya (que por cierto, ¡qué malas ilustraciones!) más que torre de vigía, en su caso siempre me supo a fanático deseo “Atala ¡ya!”. ¡Y buena soy yo, para ligarme a dogmas, prácticas y normas relativas a la divinidad!. Divinamente, me las paso por el arco del…

Un saludo

3'14 dijo...

Lo de los teleoperadores parece que va a más. En casa llaman incluso a las 10 de la noche! Ya comenté mis estrategias para pasar de ellos sin crisparme, ahora directamente cuelgo en cuanto detecto a la primera sílaba que se trata de uno de ellos, porque el "no me interesa" parece ser que tampoco les vale, pues te espetan un: "pero si no me ha dado ni tiempo de explicarle de qué se trata, señora".

En cuanto a los testigos de Jehová, a mí que no me perdonen si alguno me lee, me da lo mismo, son un auténtico coñazo. También tuve yo un compañero de instituto afiliado, debatíamos sobre religión y filosofía, parece ser que en clase era la única persona con la que este hablaba, hasta que me cansé. lo único que les interesa a esta gente es captarte, como tú dices, debe ser por eso que sólo se relacionan entre ellos. Puede que yo no comulgue con ninguna religión, que mis ideas políticas no se ajusten a ninguno de los partidos existentes, que tome de aquí y de allá haciendo uso de mi sentido común y mi pragmatismo, eso sí, acorde a mi propia ética, la cual tal vez no sea del agrado de muchos, y que ello me conlleve no formar parte de ningún clan, círculo privado o club. Me gusta el debate, la controversia, no con el fin de ganar adeptos a mi forma de pensar (lo que no significa que no me sienta más cómoda cuando las posiciones son más cercanas), pero sí me gusta relacionarme para comprender otras maneras de entender la vida, de vivirla. Aun en desacuerdo, siempre desde el respeto mutúo, a cada uno le amplia la perspectiva, pues las estrecheces mentales causan a su vez estreñimiento, pero esto con los testigos es francamente difícil de llevar a la práctica, parece ser que nada más que su fanatismo les interesa.

Eso sí, por más que me lo expliquen, no entiendo su adversión a las transfusiones de sangre.

Slim dijo...

a mi me encanta mi identificador de llamadas...al primer NUMERO DESCONOCIDO en casa esta prohibido coger la llamada. y tienes razon PI, cada vez llaman mas tarde.

Toupeiro dijo...

A mi me pasa igual, ahora también rehuyo a los testigos comecocos.
Los teleoperadores me ponen los nervios a flor de piel.

SisterBoy dijo...

Muy bueno el juego de palabras marina :D.

En cuanto a los teleoperatas también uso la técnica de no coger el teléfono cuando sale eso de "numero desconocido".

En lo que se refiere a los Testigos de Jehová hay que reconocer que al menos se les ve venir desde lejos: primero van siempre en parejas, ellas con faldas hasta los tobillos y chaquetas de manga larga por mucho calor que haga y ellos con camisas de manga corta y corbata. Se les ve a cien kilómetros con lo que da tiempo de cambiar de acera, apretar el paso mientras miro el reloj con aire de tener prisa o me pongo el teléfono móvil en la oreja y finjo hablar con mi secretaria.

Con los mormones me gusta más pelar la pava porque, al contrario que los jehovatas, son gente guapa y además son norteamericanos con lo que al final siempre acabo preguntadoles en que estado viven, si hay pena de muerte en dicho estado, si han matado a alguien en la calle donde viven y esas cosas que se les preguntan a los yankis. Y un día recuerdo que en mi edificio andaban rulando dos adventistas de los últimos días (o alguna otra religión de esas) también yankis que estaban de toma, pan y moja. Vamos que si llegan a tocar a mi puerta ahora mismo estaría atrincherado en una granja de Waco esperando a que el FBI asaltara el templo o algo por el estilo.

Yo también leía la Atalaya en la época en la que leía cualquier cosa (una época desgraciadamente pasada pues ahora leo menos que Paris Hilton). También leía los panfletos de los peligrosos “Niños de Dios” que en los setenta se movían mucho por Santa Cruz y que intentaron captarme varias veces cuando era impúber, imberbe, feliz e indocumentado.

Anónimo dijo...

No es "habrán",sino "habrá guerras", porque "haber" es un verbo impersonal y "guerras" es el complemento directo,no el sujeto.
No es "me di cuenta que...", sino "me di cuenta DE que...",porque "darse cuenta" rige ese "de".
(...perra soy)

Altosybajos dijo...

El comentario del "anónimo" o "anónima" me trae al recuerdo una conversación mantenida años a trás con un madrileño. Gilipollas para más señas.
Este sujeto se reía de las repetidas veces que los valencianos utilizábamos la palabra ves (acción de ir) en lugar de ve.
En aquel momento la única respuesta que se me ocurrió fue que utilizábamos mal la palabreja para que suavizara la expresión:
Ves a tomar por culo.
Probad con ambas palabras (ves y ve) la frase y veréis que suena mejor con ves.
Sin acritud.
Haya paz y amor.

Anónimo dijo...

¡Eso es!"Haya" paz y amor,no "hayan" paz y amor.
La gilipollas (pero no madrileña)

Arual dijo...

Bueno, bueno, ni que decirte que rehuyo de los teleoperadores y de los testigos de Jehova a partes iguales, y sin cargo de conciencia alguno, pero es que soy mala, mala, mala, como Angela Channing o como Jesús Mariñas, que te lo digo yo!

El Impenitente dijo...

Corregido. Agradeceré las correcciones siempre que no tengan retintín.

Mi querido Altos y bajos. Habré de recordarte que soy madrileño y, seguramente, gilipollas. Llevo veintisiete años en Valencia tratando de corregir a mis amigos para que utilicen correctamente el imperativo del verbo ir. Cada vez que me dicen ves a tal sitio siempre les respondo que no veo nada. No lo he conseguido. Ellos me han mandado muchas veces a ver tomar por culo. Tampoco lo han conseguido.

Hace tiempo que no veo mormones por Valencia, tan sonrientes, tan resultones, tan educados, tan bien vestidos. Nunca intimé con ellos, pero eran los yernos perfectos.

Eso de Átala ¡ya! me ha sonado muy perverso. Sobre todo tras el vídeo de Kunegunda.

elbé dijo...

¿Te he dicho alguna vez que me gusta un huevo como escribes? Pues sí, me gusta un huevo.

El Impenitente dijo...

Pues no. Y muchas gracias. Y ya que estamos, diré es recíproco y que te echo de menos.