miércoles, 14 de octubre de 2026

Al rico helado de tutti frutti

Tenían helado de tutti frutti.

En Valencia sólo lo he encontrado en una heladería en la plaza de la Reina.

La Comtessa, las chocolatinas “After eight”, el cóctel de gambas, la tarta al whisky, el melocotón en almíbar, los dátiles con bacon o el helado de tutti frutti desaparecen porque sus clientes se van yendo.

Chico Marx gritando el título de esta entrada en aquella escena (memorable) de “Un día en las carreras” pronto necesitará un subtítulo explicando qué era lo que pregonaba.

Si es que los Hermanos Marx no se van en el mismo lote.

Alcocebre (o Alcossebre o Alcocéber).

Tiene cercana la ermita de Santa Lucía, con unas vistas espectaculares (se ven hasta las Columbretes), con unas rampas donde los ciclistas se retuercen subiendo (también los profesionales, en la Vuelta a la Comunidad y a España) y unos barrancos a un palmo del arcén (inexistente) ideales para los que tienen vértigo.

Tiene un paseo marítimo tan extenso como bello. El faro no lo es (y ya hay que esforzarse para que un faro sea feo, pero los arquitectos siempre pueden).

Un lugar excelente para pasear o para correr (si es que alguna vez vuelvo a correr). Para estar. Para llenar el tiempo. Para perderlo.

Un lugar, de otoño a primavera, para jubilados. Nacionales y extranjeros.

Y allí estábamos, prospectando.

Sintiéndonos perfectamente, identificados con el entorno.

Con el paisaje.

Junto a donde comimos había una heladería. Siempre miro. Con esperanza. Luego viene la desilusión. 


Tenían.

El rico helado de tutti frutti.

Y en otra heladería cercana, también.

Tenían.

Y usted ¿por qué ha decidido pasar aquí sus años de retiro? ¿Por el clima? ¿Por la tranquilidad? ¿Por el paisaje? ¿Por la luz? ¿Por la calma? ¿Por los amaneceres? ¿Por las fuentes?

También.

Pero no sólo por esto.

No sólo.

Tienen.

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