martes, 11 de agosto de 2026

Porque en agosto, por las noches, refresca: canciones. (La pena. La nada)

Último día de trabajo antes de vacaciones. Fichamos. Nos despedimos. Salimos. Me subo al coche. Como siempre, pongo la radio. Carlos Galilea. “Cuando los elefantes sueñan con la música”. Está cantando Caetano Veloso. Versiones de clásicos de la música hispanoamericana. Sonaron de manera consecutiva las siguientes canciones:

“Lamento borincano”. Y alegre el jibarito va, pensando así, diciendo así, cantando así por el camino.


“Ay, amor”. Amor, yo sé que quieres llevarte mi ilusión. Amor, yo sé que puedes también llevarte mi alma.


“Vete de mí”. Seré en tu vida lo mejor de la neblina del ayer, cuando me llegues a olvidar. Como es mejor el verso aquel que no podemos recordar.


“La barca”. Porque tu barca tiene que partir a cruzar otros mares de locura. Cuida que no naufrague en tu vivir.


“Tonada de luna llena”. La luna me está mirando, yo no sé lo que me ve. Yo tengo la ropa limpia. Ayer tarde la lavé.


“Cuesta abajo”. Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser. (Enlazo aquí la letra completa porque, en mi opinión, es una barbaridad).


¿Puede haber mejor manera de empezar unas vacaciones que quedándome sin voz, cantando, totalmente emocionado? No creo. Lo que vaya a venir después no será malo, ni mucho menos, y más estando en el Secarral, por muy cojo que esté. Pero, como el jibarito, así las comencé, alegre, pensando así, diciendo así, cantando así por el camino.

P.D. Rescato una cita de “Las palmeras salvajes” del gran (grandísimo) William Faulkner:

"No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la ceremonia dejó de ser y si yo dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser. Sí -pensó- entre la pena y la nada elijo la pena".

Y ahora transcribo parte de la letra de “Ay, amor”.

Pero, ¡ay, amor! si te llevas mi alma, llévate de mí también el dolor.
Lleva en ti todo mi desconsuelo y, también, mi canción de sufrir.
¡Ay, amor! si me dejas la vida, déjame también el alma sentir.
Si sólo queda en mí dolor y vida, ay, amor, no me dejes vivir.

Esta canción fue escrita por el cantante y pianista cubano Ignacio Villa, también conocido como Bola de Nieve. Bola de Nieve, entre la pena y la nada, al contrario que el personaje de Faulkner, elige la nada.

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