Fernando Mamede era un pura sangre.
Un atleta con un talento enorme, con unas condiciones portentosas.
Un fondista que venció en los mítines más importantes.
Un atleta que, en julio de 1984, en Estocolmo, le quitó el récord del mundo de 10.000 a Henry Rono. 27:13.81 (¿creéis que lo he tenido que consultar?).
Fernando Mamede siempre compitió con la camiseta blanca y verde del Sporting de Lisboa y su único entrenador fue Moniz Pereira.
El mismo club y el mismo entrenador que Carlos Lopes.
Carlos Lopes no tenía el talento de Fernando Mamede. Ni sus condiciones. Era un gran atleta, desde luego, con una capacidad inhumana de trabajo y de sufrimiento.
Entrenaban juntos.
No se llevaban bien.
Eran los tiempos de la gran rivalidad entre Ovett y Coe. En España quisieron hacer lo mismo con Abascal y González (no les salió). En Portugal tenían a Mamede y a Lopes.
Cuando Mamede batió el récord del mundo, Lopes también mejoró la marca de Rono.
Pero fue segundo.
Como había sido segundo en la final de 10.000 en los Juegos Olímpicos de Montreal, en el 76.
Y en los mundiales de cross de 1977 y 1983.
Fernando Mamede llegó como gran favorito a los Juegos de Los Ángeles, en 1984, después de su récord.
También había estado en los Juegos de Montreal, donde había competido muy discretamente. Como en los europeos del 78. Como en los mundiales del 83.
En Los Ángeles se retiró en las eliminatorias.
La decepción en Portugal fue enorme. Decepción que se convirtió en ira, puesto que la tienda de ropa deportiva que tenía en Lisboa fue atacada.
Carlos Lopes se inscribió en Los Ángeles en la prueba de maratón. Buscaba en el asfalto lo que no había podido conseguir en la pista.
Quince días antes de la carrera fue atropellado por un coche en Lisboa mientras entrenaba. Sufrió daños en un codo.
Tal vez otro se hubiera planteado no competir.
Carlos Lopes no.
Carlos Lopes fue.
Y ganó.
Era campeón olímpico.
Y un año después, en Rotterdam, se convirtió en el primer hombre en bajar de 2:08 (2:07:12) en maratón.
Fernando Mamede corría contra el reloj. Y ganaba.
Pero, cuando tenía que competir contra los hombres, fallaba. El miedo, la ansiedad, la presión, le podían.
Y se hundía.
Carlos Lopes competía contra los hombres. Se preparaba para ello. Y trabajaba. Y trabajaba. Y trabajaba. Y, tras cada derrota, trabajaba y trabajaba.
Hasta que encontró su camino.
Y terminó ganándolos.
Terminó venciéndolos a todos.
Y terminó derrotando también al reloj.
Porque el alma también compite.
Ha muerto Fernando Mamede.
Carlos Lopes se ha despedido de él con cariño y con respeto.
Tal vez fueron rivales. Tal vez enemigos.
Pero fueron muy grandes.
Los dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario