lunes, 16 de febrero de 2026

Desmond, Max y Molly

Cuando lees Instituto Max Planck poco menos que te pones en pie. Ese nombre supone conocimiento, prestigio, rigor, categoría. Y si buscas, te apabulla con todos sus Premios Nóbel. El Instituto Max Planck, su palabra, es incontestable. Irrefutable. En cualquier campo de la investigación. En cualquier campo de la ciencia.

El “Álbum Blanco” de los Beatles (realmente se llama “The Beatles”, pero nadie lo conoce así) tiene uno de los mejores principios de la historia, si no el mejor, al menos en mi opinión, que es la buena. “Back in the USSR” ya te hace levitar. “Dear prudence” te eleva a un mundo de placer cercano a la ataraxia para alcanzar el nirvana absoluto con “Glass onion”.

La cuarta canción de la cara A del primer disco (yo lo tengo en vinilo) del “Álbum blanco” es “Ob-la-di ob-la-da”, un disparate de McCartney, que escribió una canción infantil que no venía a cuento y que colocó en el lugar más inoportuno, porque el tortazo que te pegas tal y como empieza es morrocotudo, al pasar del paraíso a una realidad de trabajar en la mina o en la burocracia (¿pensaban que iba a escribir cruda para describir la realidad? ¿De verdad?). “Ob-la-di ob-la-da” debiera haber sido juzgada por el Tribunal de la Haya y estar tipificada en el Código Penal.

El Instituto Max Planck, en 2019, dedicó su prestigio, su tiempo y sus recursos a buscar la canción de pop perfecta (o que más se aproximase) según la ciencia. Para ello se dedicaron a analizar el orden de los sonidos en el tiempo, Ochenta mil progresiones estudiadas. Experimentos con voluntarios. Búsqueda de secuencias inesperadas y, a la vez, placenteras.

Y señores (señoras), el Instituto Max Planck dictaminó que, desde un punto de vista científico, la canción de pop perfecta es “Ob-la-di ob-la-da”.

Y se quedaron tan anchos.

Instituto Max Planck.

Max-Planck-Gesellschaft zur Förderung der Wissenschaften e.V.

"Ob-la-di ob-la-da".

Años de prestigio tirados a la basura.

Premios Nóbel a la altura del Premio Naranja y el Premio Limón.

El Instituto Max Planck, donde pensaba que se escuchaba a Bach, a Beethoven, a Shubert, a Wagner interpretados por la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan (en grabaciones de la Deutsche Grammophon).

Y ahora resulta que comienzan sus reuniones cantando “Ob-la-di ob-la da” en su anhelo de perfección.

Ahora resulta que alguien como yo puede contestar su incontestabilidad, refutar su irrefutabilidad. Y defender la perfección como enemiga de lo bueno.

El suicidio de Europa es irreversible.

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