La novela se publicó en 1915. Ford Madox Ford pensó titularla “La historia más triste”. Al editor no le pareció oportuno, en plena Primera Guerra Mundial. El autor no estuvo de acuerdo en cambiarle el título y, de manera sarcástica, le dijo -pues titúlala “El buen soldado”. El editor no cogió la ironía y así se quedó, para dolor de Ford Madox Ford y para la posteridad.
La novela figura en las listas de las más importantes del siglo XX. Se la considera pionera en el uso del recurso llamado analepsis (flashbacks para los anglófilos) y utiliza la figura del “narrador no fiable” (nunca la había escuchado). La historia la cuenta el marido norteamericano de manera sesgada, bien para protegerse, bien para justificarse, y aunque dudemos de sus explicaciones, nos tenemos que creer lo que nos va contando con su prosa farragosa, densa, con sus incursiones en el monólogo interior solemne, sin dejar de pensar, como diría mi madre –este tío es tonto, pero tonto de no ser listo.
Durante su lectura me acordaba de un relato de Edgar Allan Poe (muy bueno, valga la redundancia) de nombre “El pozo y el péndulo”. En él, un péndulo muy afilado en su extremo oscila mientras va descendiendo lentamente hacia un lecho donde se encuentra un cuerpo atado. El argumento no tiene nada que ver. Aquí partimos de un retrato bastante insulso de los dos matrimonios (con cierto aire a las novelas de Henry James) en donde te preguntas dos cosas -¿de las mejores novelas del siglo XX?- y -¿por qué no cierras el libro y no lo vuelves a abrir? Mis complejos literarios me obligaron a seguir leyendo y, entonces, se puso en marcha el péndulo. Éste no tiene el extremo tan afilado, pero sí lo suficiente para que, en cada oscilación, yendo y viniendo en el tiempo, vaya retirando brumas, velos, sombras, convencionalismos. Y, lentamente, al ritmo que se supone que el narrador no fiable va conociendo, al ritmo que le interesa, las maneras, la educación, la cortesía de la “gente bien” va palideciendo, y aparecen las heridas, el drama, el dolor, el sufrimiento, la hipocresía. El péndulo, de manera cruel, irreversible, desciende a cada paso y nos muestra a los personajes en su desnudez, en su miseria, y nos los deja en carne viva. Y al final, el péndulo, tal vez sí muy afilado en su extremo, nos deja un paisaje desolado, devastado, arrasado, con un narrador que admite, aún tratando de justificarse, su negligencia, su derrota. Y cierras el libro al terminarlo y vuelves a hacerte dos preguntas: ¿la historia más triste? No. No creo. Cuartofinalista, tal vez. ¿De las mejores novelas del siglo XX? No sé si de las mejores. Es posible. Y una tercera pregunta, también. ¿Hiciste bien no cerrando el libro dejándote llevar por tus complejos? Sí. Sin duda.
2 comentarios:
Ernest Hemingway le tenía especial manía a Madox Ford. En Paris era una fiesta lo describe como vanidoso e interesado. Particularmente, el libro me aburrió soberanamente. Los personajes me parecen artificiales y el estilo un poco lo mismo de siempre, a semejanza de Sinclair Lewis, Louis Bronfield o Pearl.S.Buck, aunque está última utiliza mejores argumentos en alguna de sus novelas.
"Ford Madox Ford es un bien vestido tonel ambulante puesto en pie". No es mala descripción. Por hacer de abogado del diablo, Madox Ford era muy amigo de Joseph Conrad y Hemingway, aparte de que terminó enemistado con John Dos Passos, acabó siendo una caricatura de sí mismo. La opinión de Hemingway es válida aunque se pueden aceptar otras.
Pearl S. Buck es la novelista favorita de mi madre. Por hacerle caso, me leí en su momento "Brillante desfile". Y ahí me quedé. A Lewis y a Bronfield no los he leído y tu comentario no es especialmente motivador, aunque con "El buen soldado" no coincidamos del todo. Pero se agradece igualmente.
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