No siempre sus disparos son nocivos. No todo va a ser punzadas en el estómago ni recuerdos tristes o ridículos. No todo. Mi vida laboral me ha llevado ahora a tener mucha relación con italianos, con los cuales me entiendo en spagnolo. Escribí hace tiempo de la importancia de aprender idiomas, no tanto para poder entenderse como para poder expresarse correctamente, puesto que cada actividad de la vida requiere un idioma. Y el italiano no es un idioma para trabajar. No entiendo cómo han llegado a ser una potencia económica. Hablamos, y me aprietan, me exigen y les escucho hablar y procuro concentrarme mientras los guerrilleros vietnamitas me están disparando a Mina, a Gino Paoli, a Peppino di Capri, a Domenico Modugno, a Iva Zanicchi. Hablamos de trabajo y yo me siento en el Festival de San Remo. Hablamos de trabajo pero lo que realmente escucho son letras de canciones. Y estoy todo el rato tarareándolas. Y así no hay manera.
Seguimos con el trabajo. Estamos preparando material para una obra a ejecutar en una localidad canaria llamada Salto del Negro.
Salto del Negro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario