viernes, 11 de octubre de 2013

Fuimos lirios. Fuimos rosas. Fuimos lindas mariposas


Es “La máquina del tren” (la llamábamos así) de la foto una prueba más de que somos una generación de supervivientes. Está la máquina situada en una explanada junto a la Escuela y era en esa explanada donde se celebraba la fiesta del Patrón. Era muy popular aquella fiesta en todo Valencia puesto que se celebraba el día anterior al comienzo oficial de las fiestas de Fallas. Era tan importante como la plantá. O más. Y era el único día del año en el cual se veían chicas por la Escuela. La fiesta la organizaban siempre los estudiantes de último año y así sacaban fondos para el viaje de fin de carrera. La fiesta consistía en hacer paellas. Y en comérselas. Y en beber. Beber mucho. No se hacía botellón porque entonces no se llamaba así. Y tampoco teníamos aquella cultura. Teníamos entonces la cultura de los abrevaderos como “Ricardo”, en Blasco Ibáñez, que preparaba unos cubalitros muy económicos con ginebra “Lirios”. O todos los de la plaza Xuquer (abro paréntesis. Años después tuve que pasar a recoger a una persona ya mayor. ¿Dónde tengo que ir? A la plaza Xúquer, ¿sabes dónde está? Sí. Tú debes de ser uno de los hijoputas que no me han dejado dormir durante todos estos años. Para qué te voy a decir que no. Cierro paréntesis). Pero al patrón nos llevábamos nuestra bebida. Había música. La gente bailaba. Algunos se peleaban. También estaba la costumbre de tiznarse la cara. La fiesta duraba todo el día. Y al final siempre nos quedábamos los mismos. ¿Y por qué nos quedábamos? ¿Éramos los más festeros? No. ¿No teníamos casa? Sí. ¿Entonces? La máquina del tren. Teníamos que subirnos. Era inconcebible una fiesta del Patrón sin subirnos a La máquina del tren. Estaba prohibido. Prohibidísimo. Antes de cada Patrón se nos recordaba. Se nos avisaba de los riesgos y no sólo físicos. Se nos advertía de las consecuencias y no sólo físicas. Se nos amenazaba. Daba igual. La tradición era la tradición. Con las neuronas aturdidas por los Lirios, y estando todos como unas rosas, nos sentíamos lindas mariposas que tenían que subirse aleteando a La máquina del tren. Y nos subíamos. Aleteando. Y sin aletear. Año tras año. Y nunca nos caímos. Y nunca nos pillaron. Sobrevivimos al Patrón. Sobrevivimos a La máquina del tren. Y allí sigue. Se llevaron la fiesta del Patrón a un Fiestódromo que reúne todas las normas de seguridad y donde se celebran todas las fiestas del Politécnico. La máquina del tren ya ni recuerda la cantidad de generaciones de estudiantes que ha visto pasar. Pero seguro que recuerda aquellas que, cada día del Patrón, terminaban el día subidos a ella. Y seguro que nos recuerda con nostalgia. Como nosotros a ella.