lunes, 21 de mayo de 2012

Viva Holanda

-Estamos de vacaciones. Lo dicen ellos. Se supone que han venido con una beca de estudios de las llamadas Erasmus, pero para qué van a disimular. Dos son austriacos y el tercero, Neil, es estadounidense. Viven los tres puerta con puerta con mis padres. En el piso Erasmus hay un trajín de mil demonios (como debe de ser) pero eso no parece molestarlos. Todo lo contrario. Les han tomado cariño. Dicen que son muy educados y muy simpáticos. Además mi padre, germano parlante y germanófilo convencido, con los austriacos se pega grandes parrafadas. Y como Neil es de Chicago y una de las películas fetiche de mi padre es la de los “Blues Brothers”, pues no necesita otra excusa para tenerle simpatía. Un miércoles por la noche estaban los vecinos de jarana. Sería la una y media cuando alguien llamó con insistencia por el telefonillo. Lo malo fue que se equivocó y llamó a casa de mis padres. Para colmo aquella noche estaban de canguros, pues tenían a dos de sus nietos durmiendo allí y también se despertaron. Mi padre, muy enojado, se levantó. Se puso las gafas, se puso los dientes, y en pijama se fue a llamar a la puerta de los vecinos. Abrió un chaval de rasgos latinos, el cual apenas le escuchaba del follón que tenían dentro.

-¿Eres español?
-Italiano.
-Da igual. Avisa a Neil.

Salió entonces Neil, tan alto, tan blanquito, tan delgado:

-¿Qué pasa?
-Neil, recuérdame que mañana por la mañana te mate.
-¿Estamos molestando?
-Sí. Nos habéis despertado. Habéis despertado a mis nietos. Sabéis que con nosotros no vais a tener problemas, pero es probable que cualquiera de los vecinos de arriba haya llamado ya a la policía.
-Lo siento. Lo siento mucho. Ahora mismo apagamos la música y dejamos de hacer ruido.

Y entonces, según me contó después mi padre, por el fondo apareció una venus rubia, alta, de rasgos perfectos, de andar insinuante, de mirada ingenuamente perversa. Llegó hasta la puerta y, muy sonriente, le dijo –hola, soy holandesa.

-Y a ti se te cayeron las gafas, los dientes y el pijama.
-No exactamente, pero casi.
-¿Y qué le dijiste?
-¡Viva Holanda!
-¡No jodas!
-No querrías que me pusiera a hablarle del Duque de Alba o del gol de Iniesta.
-Ni aunque le hubieses hablado de los diques, de Van Gogh o de Van Basten.
-De todas formas por un momento empecé a temer que se me insinuase, pues me hubiese costado mucho decirla que no y herirla en sus sentimientos.
-Pero eso no pasó.
-No pasó.
-Es raro. Tu pijama debió de intimidarla. ¿Y después?
-Nada. Nos dimos las buenas noches, cerraron la puerta y ya no se oyó ni un ruido en toda la noche.
-Y supongo que ella se quedaría muy triste.
-Por supuesto. ¿Acaso lo dudas?

6 comentarios:

Arual dijo...

Jajaja!! Qué bueno tu padre!!

SisterBoy dijo...

Estas cosas se acompañan de fotos

El Impenitente dijo...

No sé yo si las fotos harían justicia.

3'14 dijo...

Bah! Rubia... si hubiera sido morena... :)

Slim dijo...

¿pero ella no contestó: ¡Viva!?

¿ni siquiera bajito?

El Impenitente dijo...

Estoy contigo, Pi: mejor morena (sin menospreciar a las rubias, ¿eh?). Y ya que estoy, podría citar a Mónica Bellucci y a Sofía Vergara, pero no lo haré.

Slim, ella contestó con un viva España que parecía que estuviese jurando bandera. Es lo que tienen los guiris, que nos miran por encima del hombro pero, como dicen en mi pueblo, cuando están aquí no atascan.